sábado, 7 de marzo de 2026

Memorias de una bióloga: Entrevista a la Dra. Alejandra Moreno Letelier


Entrevista realizada el 09 de septiembre del 2019

Nací el 27 de diciembre de 1977 en la Ciudad de México. Recuerdo mi niñez como una época muy movida: aunque nací en la ciudad de México, me mudé a Baja California cuando tenía seis años y no regresé a la capital hasta los 18. Desde entonces me encantaba el deporte; practiqué gimnasia, natación, tenis y varios más. Aún me gustan, aunque no siempre tengo tiempo. Cuando puedo, me gusta correr —aunque menos de lo que quisiera— y también disfruto cocinar y coser cuando se da la oportunidad.

Tengo muchos libros favoritos. Aunque la mayor parte de mi tiempo leo sobre biología, siempre vuelvo a El Señor de los Anillos, es un libro que siempre leo, cada año. Me gustan también las novelas históricas y los libros de fantasía en general. He escrito algunos capítulos en libros, pero me gustaría que en el futuro hubiera uno escrito completamente por mí.

De niña, en algún momento quise ser astrónoma, después quise estudiar medicina, pero al final elegí la biología. Mis padres influyeron en esa decisión: son ingenieros agrónomos, entonces en la casa siempre se hablaba de plantas, y en general de la naturaleza, y pues sí, de plantas muchísimo. Desde muy pequeña me fascinó la evolución. Mis papás compraron una serie de libros sobre la naturaleza, y mi favorito era el que hablaba sobre evolución. Después de entender que la astronomía no era lo mío, pensé: si esto que aparece en los libros se puede estudiar, yo quiero estudiar eso. Y no me arrepiento; sé que nunca me arrepentiré de estudiar biología.

Me resulta curioso pensar en cómo ha cambiado la percepción sobre esta carrera. Cuando entré a la carrera, la pregunta que siempre me hacían cuando la gente sabía que estaba estudiando biología era: ¿y eso para qué sirve?
Cuando empecé a estudiar biología, la gran mayoría de las personas ni siquiera sabía que era una carrera… me intentaron convencer de que no lo hiciera porque la consideraban una carrera que no servía para absolutamente nada.
Hoy la percepción es distinta, en parte por la crisis ambiental: no necesariamente está bien pagada, pero la percepción de la gente es bastante más favorable, ya no piensan que estás perdiendo tu tiempo.

Estudié en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Casi todos mis profesores influyeron de manera positiva en mi formación; si hubo alguno negativo, ya ni lo recuerdo. Dos de los que más me marcaron fueron el Dr. Jorge Meave, profesor de Ecología, y la Dra. Ana Barahona, profesora de Filosofía e Historia de la Biología. Gracias a ellos y a otros docentes, hoy tengo un doctorado.

Actualmente, estoy en el laboratorio de genética de la conservación, y mi labor es la investigación, pero también soy curadora de la colección de árboles del Jardín Botánico, entonces tengo dos roles aquí dentro. Lo que más disfruto es aprender cosas nuevas y contestar preguntas, especialmente porque a mí me gusta mucho entender por qué México es un país megadiverso, no sabemos cómo es que sucedió y por qué hay tantas plantas distintas.



Además, me gusta mucho la docencia, me gusta mucho enseñar a otras personas. Me gusta mucho hablar de plantas. Llevo cinco años trabajando en el Jardín Botánico, y dentro de diez años aún me veo aquí.

En cuanto a lo que considero necesario cambiar en México pienso que acabar con la corrupción, sobre todo con la mentalidad que tenemos en México, donde la corrupción es normal. Cambiar nuestra forma de pensar que esas cosas son normales es súper esencial. También necesitamos ser más eficientes, porque en México trabajamos mucho pero no somos eficientes; perdemos mucho tiempo en la burocracia y no necesariamente en hacer que las cosas vayan más rápido.

En el ámbito científico, creo que todo está muy centralizado en muchos estados, incluso donde hay centros de investigación, no hay tanta vinculación con la población y la ciencia y no hay una conexión real entre la investigación científica y la sociedad.

A los jóvenes que quieren estudiar biología les diría que se animen, pero que tengan muy claro, que tengan los pies sobre la tierra, seguir tus sueños y hacer algo que te apasione es importante, pero no es lo único que se necesita para vivir de ello. Es una carrera difícil, competitiva y llena de sacrificios; por eso es importante pensar bien en qué área les gustaría trabajar.

Y aunque la biología como me la enseñaron a mí siempre fue enfocada a investigaciones y esa era la única opción válida”, en realidad uno como biólogo puede hacer muchísimas cosas que no necesariamente son investigación académica. La formación científica ofrece herramientas para ámbitos muy diversos, permite hacer muchas cosas que no necesariamente están en los libros de texto, sino que también te da herramientas críticas que se pueden aplicar a muchos otros trabajos.

*Esta narración se realizó con base en la entrevista realizada a la Dra. Alejandra Citlalli Moreno Letelier el día 09 de septiembre de 2019, por Paola Yised Torres Arroyo.
Coordinadora y editora: M. en D. Salma Gómez Ibarra


viernes, 6 de febrero de 2026

 La informalidad de las lluvias: cómo afecta el cambio climático a la agricultura

Andrea Martínez Ballesté, Gonzalo Martínez Herrera, María Fernanda de Alba Navarro,
Elisa Lotero Velásquez, Viviana Jiménez Alpízar y Myriam Miranda Gamboa

Laboratorio de Etnobotánica Ecológica 



¿Alguna vez te has fijado cómo varía el tiempo en el lugar donde tú vives? Unos años pueden ser más lluviosos que otros o algunos inviernos pueden ser más fríos, mientras que en otros no bajan tanto las temperaturas. Estos cambios que observamos cada año son normales y son parte de la variación del clima. Pero entonces, ¿por qué se dice que el clima ha cambiado?

Desde hace algunas décadas hemos observado que las variables climáticas, como la temperatura, la lluvia, los vientos y otras más, ya no son en promedio las mismas. ¿Eso qué significa? Que ahora, por ejemplo, llueve en promedio más de lo que antes llovía en algunas partes del mundo; y en otras partes, como en México, llueve menos que antes. También hemos visto que en algunas partes las temperaturas se han vuelto muy altas y ahora en promedio hace más calor. Actualmente, en la época de sequía, la Ciudad de México presenta mayores temperaturas ¡que se parecen a las que antes había en ciudades como Cuernavaca!

El cambio climático ocurre de manera natural, pero los cambios que estamos observando ahora se atribuyen sobre todo a las actividades humanas, que desde el siglo XIX incrementaron la quema de combustibles fósiles, los cuales han alterado los procesos en la atmósfera.


Si las lluvias fueran formales...


El trabajo agrícola tiene un calendario anual de actividades necesarias para producir los alimentos que ahí se cultivan. Por ejemplo, en una milpa se necesita preparar primero la tierra para después sembrar el maíz; luego hay que hacer algunas tareas de mantenimiento de los cultivos, como el deshierbe, hasta llegar al momento de la cosecha. Las milpas de temporal no cuentan con sistemas de riego, por lo que dependen por completo de la lluvia para regar los cultivos. Si las lluvias no ocurren a tiempo o no llueve lo suficiente en el momento en que ya se ha sembrado, ocurre una pérdida de los cultivos. El cambio climático ha provocado que las lluvias no lleguen a tiempo y no caigan en la misma cantidad. Los campesinos han notado estos cambios y ahora se les dificulta calcular cuándo es el mejor momento para iniciar la siembra de sus cultivos.

Con respecto al atraso de las lluvias, un campesino de la Mixteca Alta nos dijo lo siguiente: “Para empezar ya la evolución del tiempo, pues como le dijera yo, ha venido pues totalmente muy cambiado; antes el tiempo de lluvia era muy bonito, muy normal y hasta formal, vamos a decir… sí, y ahora ya no. Hoy precisamente en este año llovió en mayo, pero otros años nada, nos llega a llover hasta junio”.


La percepción climática en dos comunidades nahuas


Nuestro grupo de investigación etnobotánica se ha interesado por conocer de qué manera los campesinos perciben los cambios climáticos, además de saber qué cambios hacen en sus prácticas agrícolas y en su vida cotidiana para adaptarse a ellos. Hemos trabajado en la Sierra Negra de Puebla, en el municipio de Coyomeapan, con comunidades nahuas que se dedican a cultivar la milpa y muchos otros cultivos, como la manzana.

Gracias a las entrevistas que nos otorgaron los pobladores de varias comunidades, supimos que la mayoría percibe que ha cambiado la fecha de inicio de las lluvias y que ya no llueve finito y parejo como antes lo hacía, sino que ahora la lluvia se retrasa y cae en trombas muy fuertes que tiran las milpas y dañan las manzanas. Algunos campesinos opinan que no es posible cambiar la fecha de inicio de siembra del maíz, pues las costumbres indican que no se debe modificar. De acuerdo con el calendario agrícola tradicional, el 19 de marzo se sembraba el maíz y el 3 de mayo, día de la Santa Cruz, se rezaba para que vinieran las lluvias y creciera bien el maicito. Ahora ya no es posible confiar en ese calendario; algunos campesinos están probando retrasar el inicio del ciclo agrícola para intentar coincidir con las lluvias, aunque no se pueden retrasar mucho, pues al final del ciclo agrícola las heladas de invierno podrían afectarles.

Hemos visto con mayor frecuencia que los campesinos se quejan porque pierden sus cosechas y no producen el maíz suficiente para alimentarse. Las manzanas tampoco se venden bien porque no están lisitas como al consumidor le gusta, porque las lluvias fuertes las aboyan. Ante estas dificultades, los campesinos están buscando alternativas, pero requieren de mayor apoyo técnico para encontrar soluciones que eviten la migración por falta de recursos. Nuestra investigación está documentando las dificultades que el cambio climático está causando en la producción de alimentos y esperamos que esto genere conciencia sobre las acciones que hay que tomar para reducir los estragos del cambio climático.

Si deseas conocer más acerca de este tema, te recomendamos las siguientes ligas:
Adaptación al cambio climático en el sector agropecuario. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). https://youtu.be/MH8anrtcoV8
Entendiendo la agricultura climáticamente inteligente. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). https://youtu.be/UQJrCItQgR4






miércoles, 7 de enero de 2026

 Jardín Botánico: una invitación a descubrir este museo vivo

Salma Gómez Ibarra

Jardín Botánico, Instituto de Biología, Universidad Nacional Autónoma de México

Hay lugares que reciben a quien los visita con un ritmo distinto, como si al cruzar la entrada el tiempo transitara de otra manera. El Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM es uno de ellos. Aquí el aire huele a piedra volcánica después de la lluvia, las hojas filtran la luz de maneras inesperadas y cada sendero parece guardar una historia. Quien entra por primera vez lo siente: este no es un parque, es un espacio para mirar con otros ojos.

El Jardín Botánico IBUNAM es un museo vivo construido con décadas de trabajo científico, el legado de mujeres y hombres que dedicaron su vida a la conservación vegetal. Sus colecciones de plantas no están ahí para adornar el paisaje: representan la diversidad vegetal de México, un patrimonio que se cuida todos los días con conocimiento, paciencia y amor. Por eso, más que recorrerse, este espacio se habita. Se camina sin prisa, se escucha, se observa.

Jardín Botánico IBUNAM. Fotografía institucional.

Un recorrido que invita a bajar el ritmo

Jardín Botánico IBUNAM. Fotografía institucional.

Quien se regala el tiempo de recorrerlo con detalle descubre que los andadores de piedra volcánica conducen entre colecciones que cuentan su propia historia. Se vive el placer de contemplar las cactáceas que conservan el calor del Pedregal, los agaves que han acompañado este espacio desde su fundación, las plantas medicinales que guardan saberes y aromas, o las patas de elefante que parecen esculturas naturales. Hay algo vivo en cada rincón.



Este es un espacio que invita a ir más despacio. Aquí los descubrimientos suceden cuando alguien se detiene un momento, mira con atención o se pregunta el nombre de una planta que nunca había visto.

Cuidar el Jardín es parte de la visita

Para que este museo vivo siga creciendo y sorprendiendo, es necesario recorrerlo con respeto. No desde la prohibición, sino desde la conciencia de que cada acción, por pequeña que parezca, impacta el lugar que se comparte.

Por ello, durante la visita:

  • No se introduce ni se consume comida dentro del recorrido. Los picnics, por muy discretos que sean, alteran al ecosistema y atraen fauna que puede enfermar.

  • Las mascotas se quedan en casa, incluso en transportadora. La fauna local —ardillones, aves, tlacuaches, serpientes, conejos y más— necesita tranquilidad para moverse libremente.

  • Se camina únicamente por los andadores. Salirse del camino o entrar a las jardineras compacta el suelo y daña especies que crecen lento y requieren cuidado.

  • No entran bicicletas, pelotas, scooters, patines o artefactos recreativos. El Jardín no es un parque: su diseño protege la vegetación y la experiencia de todas las personas.

  • Actividades como clases de yoga, entrenamientos, meditaciones grupales o dinámicas físicas similares no se realizan dentro del Jardín sin una gestión previa con el personal correspondiente. Estos ejercicios requieren espacios amplios, modifican la circulación natural del lugar y afectan la tranquilidad que necesitan las colecciones, la fauna y las personas visitantes.

  • Las fotografías personales están permitidas, siempre que no impliquen equipo profesional, drones, tripiés o grabaciones con fines comerciales sin autorización previa.

Jardín Botánico IBUNAM. Fotografía institucional.















Estas indicaciones permiten que cientos de personas disfruten el espacio sin comprometer la salud de las plantas ni la armonía del paisaje. Además, recordar que aquí se resguardan colecciones biológicas ayuda a dimensionar su importancia: no son solo plantas, sino ejemplares que proporcionan información científica valiosa. Cada planta es un elemento invaluable; su conservación permite entender un poco más el mundo que se habita y la responsabilidad que implica cuidarlo.

Un encuentro con la vida silvestre

Una de las experiencias más especiales es cruzarse con quienes habitan el Jardín: ardillones que se asoman desde entre las rocas, sonidos de pájaros carpinteros que marcan el ritmo del día, y la vida pequeña pero constante que habita los suelos.

Observarles es un privilegio. La regla es simple: mirar sin intervenir.

No se alimenta a la fauna, no se intenta tocarla y se mantiene siempre una distancia segura. Así se preservan sus comportamientos naturales y se garantiza su bienestar.

Aprender, escuchar y maravillarse

Para quienes desean conocer más a fondo la historia de las plantas, sus usos y la importancia de conservarlas, existen visitas guiadas y actividades educativas abiertas al público.

Los guías conocen las colecciones casi como a viejos amigos: saben las historias y detalles que las acompañan. Son biólogos y biólogas comprometidos con compartir conocimiento, promover la educación ambiental, el respeto por la vida y la conservación de la naturaleza. A través de ellos, el Jardín se cuenta a sí mismo.

Las visitas grupales sin guía del JB también son posibles, pero requieren autorización previa; esto permite organizar los recorridos y cuidar tanto al Jardín como a quienes lo visitan. 

Jardín Botánico IBUNAM. Fotografía institucional.

Una invitación a volver cuantas veces quieras

El Jardín Botánico es un espacio que se transforma con la luz, la temporada y la atención con la que se mira. No hay dos visitas iguales. Hoy puede encontrarse una flor diminuta entre las rocas y mañana sorprenderte con las enormes flores blancas de un Cazahuate que antes había pasado desapercibido.

Ojalá se recorra sin prisa.
Ojalá haya un momento para escuchar.
Ojalá sorprenda lo que las plantas tienen que decir.
Y ojalá vuelvas, porque este es un espacio que se disfruta mejor cada vez.

Este museo vivo espera a quien quiera caminarlo… a su propio ritmo.

Jardín Botánico IBUNAM. Fotografía institucional.

Horarios

  • Lunes a viernes: 9:00 a 17:00 h

  • Sábados: 9:00 a 15:00 h

Los domingos, días festivos y vacaciones universitarias el Jardín descansa.

Antes de visitarlo, conoce su reglamento: https://bit.ly/4cchOAj

¿Te gustaría recorrerlo en una visita guiada?: https://bit.ly/3HbkEf4

Las visitas grupales requieren autorización de ingreso: https://bit.ly/46yYjAk

¿Te interesa saber más sobre este espacio? Te invitamos a leer nuestra entrada de Blog "Joya universitaria: Jardín Botánico IBUNAM"