Memorias de una bióloga: Entrevista a la Dra. Alejandra Moreno Letelier
Nací el 27 de diciembre de 1977 en la Ciudad de México. Recuerdo mi niñez como una época muy movida: aunque nací en la ciudad de México, me mudé a Baja California cuando tenía seis años y no regresé a la capital hasta los 18. Desde entonces me encantaba el deporte; practiqué gimnasia, natación, tenis y varios más. Aún me gustan, aunque no siempre tengo tiempo. Cuando puedo, me gusta correr —aunque menos de lo que quisiera— y también disfruto cocinar y coser cuando se da la oportunidad.
Tengo muchos libros favoritos. Aunque la mayor parte de mi tiempo leo sobre biología, siempre vuelvo a El Señor de los Anillos, es un libro que siempre leo, cada año. Me gustan también las novelas históricas y los libros de fantasía en general. He escrito algunos capítulos en libros, pero me gustaría que en el futuro hubiera uno escrito completamente por mí.
De niña, en algún momento quise ser astrónoma, después quise estudiar medicina, pero al final elegí la biología. Mis padres influyeron en esa decisión: son ingenieros agrónomos, entonces en la casa siempre se hablaba de plantas, y en general de la naturaleza, y pues sí, de plantas muchísimo. Desde muy pequeña me fascinó la evolución. Mis papás compraron una serie de libros sobre la naturaleza, y mi favorito era el que hablaba sobre evolución. Después de entender que la astronomía no era lo mío, pensé: si esto que aparece en los libros se puede estudiar, yo quiero estudiar eso. Y no me arrepiento; sé que nunca me arrepentiré de estudiar biología.
Me resulta curioso pensar en cómo ha cambiado la percepción sobre esta carrera. Cuando entré a la carrera, la pregunta que siempre me hacían cuando la gente sabía que estaba estudiando biología era: ¿y eso para qué sirve?
Cuando empecé a estudiar biología, la gran mayoría de las personas ni siquiera sabía que era una carrera… me intentaron convencer de que no lo hiciera porque la consideraban una carrera que no servía para absolutamente nada.
Hoy la percepción es distinta, en parte por la crisis ambiental: no necesariamente está bien pagada, pero la percepción de la gente es bastante más favorable, ya no piensan que estás perdiendo tu tiempo.
Estudié en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Casi todos mis profesores influyeron de manera positiva en mi formación; si hubo alguno negativo, ya ni lo recuerdo. Dos de los que más me marcaron fueron el Dr. Jorge Meave, profesor de Ecología, y la Dra. Ana Barahona, profesora de Filosofía e Historia de la Biología. Gracias a ellos y a otros docentes, hoy tengo un doctorado.
Actualmente, estoy en el laboratorio de genética de la conservación, y mi labor es la investigación, pero también soy curadora de la colección de árboles del Jardín Botánico, entonces tengo dos roles aquí dentro. Lo que más disfruto es aprender cosas nuevas y contestar preguntas, especialmente porque a mí me gusta mucho entender por qué México es un país megadiverso, no sabemos cómo es que sucedió y por qué hay tantas plantas distintas.
Además, me gusta mucho la docencia, me gusta mucho enseñar a otras personas. Me gusta mucho hablar de plantas. Llevo cinco años trabajando en el Jardín Botánico, y dentro de diez años aún me veo aquí.
En cuanto a lo que considero necesario cambiar en México pienso que acabar con la corrupción, sobre todo con la mentalidad que tenemos en México, donde la corrupción es normal. Cambiar nuestra forma de pensar que esas cosas son normales es súper esencial. También necesitamos ser más eficientes, porque en México trabajamos mucho pero no somos eficientes; perdemos mucho tiempo en la burocracia y no necesariamente en hacer que las cosas vayan más rápido.
En el ámbito científico, creo que todo está muy centralizado en muchos estados, incluso donde hay centros de investigación, no hay tanta vinculación con la población y la ciencia y no hay una conexión real entre la investigación científica y la sociedad.
A los jóvenes que quieren estudiar biología les diría que se animen, pero que tengan muy claro, que tengan los pies sobre la tierra, seguir tus sueños y hacer algo que te apasione es importante, pero no es lo único que se necesita para vivir de ello. Es una carrera difícil, competitiva y llena de sacrificios; por eso es importante pensar bien en qué área les gustaría trabajar.
Y aunque la biología como me la enseñaron a mí siempre fue enfocada a investigaciones y esa era la única opción válida”, en realidad uno como biólogo puede hacer muchísimas cosas que no necesariamente son investigación académica. La formación científica ofrece herramientas para ámbitos muy diversos, permite hacer muchas cosas que no necesariamente están en los libros de texto, sino que también te da herramientas críticas que se pueden aplicar a muchos otros trabajos.
*Esta narración se realizó con base en la entrevista realizada a la Dra. Alejandra Citlalli Moreno Letelier el día 09 de septiembre de 2019, por Paola Yised Torres Arroyo.
Coordinadora y editora: M. en D. Salma Gómez Ibarra
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