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miércoles, 8 de octubre de 2025

Agrobiodiversidad ornamental: del uso cotidiano, intercambio cultural y comercio

 Mauricio González-Muñoz1, Rodrigo A. Hernández-Cárdenas2  y Leonardo Beltrán-Rodríguez3

1Carrera de Biología, Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México.
2Red de Biodiversidad y Sistemática, Instituto de Ecología A.C.
3Laboratorio de Etnobotánica Ecológica2, Jardín Botánico, Instituto de Biología, Universidad Nacional Autónoma de México.


Las plantas ornamentales han acompañado a la humanidad desde hace siglos. Se han valorado no solo por su aspecto llamativo, sus aromas o el simbolismo cultural que encierran, sino también porque permiten transformar los espacios cotidianos, privados y colectivos en lugares más agradables: desde calles, casas, hasta jardines, templos o museos. Además, son uno de los grupos vegetales más fascinantes, tanto por su belleza, impacto cultural e importancia económica a través de los tiempos (Prance & Nesbitt, 2005; Taylor, 2009).

La percepción de lo que se considera “bello” en la naturaleza no ha sido estático. A lo largo del tiempo, cada cultura ha definido y resignificado la belleza de distintas especies vegetales, adaptando también su manera de aprovecharlas e integrarlas en la vida diaria. Para que una planta sea considerada ornamental debe cumplir ciertos requisitos, sobre todo de tipo morfológico, aromático, cromático e incluso espiritual (CONABIO, 2020).

El creciente interés por las plantas ornamentales nativas ha puesto en riesgo a muchas de ellas debido al saqueo, sobreexplotación y la destrucción de sus hábitats. Con frecuencia se recolectan directamente del medio silvestre, ya sea retirando la planta por completo o bien solo algunas de sus partes. Esta práctica suele estar impulsada por la rareza de las especies, por el prestigio que representa poseerlas, por embellecer jardines y/o espacios verdes o para integrarlas en colecciones privadas (Nadal et al., 2013). 

Debido a lo anterior, es necesario realizar estudios de mercado que resalten el verdadero impacto y las presiones socio-ecológicas asociadas a la cosecha y comercialización de esta agrobiodiversidad. Esta situación es particularmente preocupante en mercados con importancia nacional en su red mercantil.

Contexto histórico del uso y distribución de las plantas ornamentales 

El uso ornamental de las plantas es muy antiguo. Algunos registros arqueobotánicos indican que las partes flóreles de las plantas se colocaban como ofrenda en entierros, otorgándoles un profundo simbolismo espiritual (Altman et al., 2022). En China, la tradición de jardinería con fines ornamentales se originó como espacios recreativos para la nobleza y, al mismo tiempo, como símbolos de poder (Barnes, 2005). En contraste, culturas como la egipcia y la mesopotámica transformaron los jardines utilitarios en espacios recreativos, combinando flores de loto, papiros, palmas, árboles frutales y plantas comestibles como el azafrán o la amapola. Estos jardines no solo eran bellos, sino que integraban la estética con el uso agrícola o frutícola (Giesecke, 2022). 

En la Grecia y Roma clásicas, los jardines unían lo útil con lo estético. En Atenas se plantaban olivos y laureles en espacios urbanos y se adornaban templos, mientras que los romanos preferían especies con hojas perennes como símbolos de fertilidad y eternidad, que decoraban monumentos y edificios (Giesecke, 2022). Durante el Renacimiento y la Edad Moderna, la percepción y el uso de las plantas ornamentales cambiaron radicalmente. El colonialismo europeo abrió nuevas rutas de comercio e intercambio cultural, principalmente con América y Asia (Hinsley et al., 2024). Esto amplió la disponibilidad de especies que rápidamente se convirtieron en objeto de deseo para jardineros y coleccionistas europeos, generando un comercio ostentoso de plantas raras y exóticas (Barnes, 2005). 

El interés por las especies exóticas impulsó la creación de redes de comercio formales e informales, surgieron viveros y jardines botánicos destinados a producir y aclimatar plantas tropicales y de diferentes partes del mundo. Además, algunas especies fueron mejoradas mediante selección e hibridación, y las técnicas de cultivo se perfeccionaron de manera paralela (Brockway, 1979; Dalby & Giesecke, 2022; Nielsen, 2023).


Historia de México a través de mercados y jardines

En México, el conocimiento, uso y comercialización de plantas ornamentales se practica desde tiempos prehispánicos. Los jardines botánicos y mercados tradicionales fueron clave para transmitir y preservar el conocimiento de estos recursos.

Los jardines prehispánicos tenían una dualidad interesante: servían como espacios de recreación, culto y muestra del poder de los huey tlatoani —líder de una ciudad-estado en el poderío de la triple alianza—, pero al mismo tiempo funcionaban como centros de estudio y colección de agrobiodiversidad —flora y fauna útil—, donde el conocimiento sobre la naturaleza quedó reflejado en nombres indígenas que aún perduran (Pérez, 2004; Vovides, 2010). Por ejemplo, los mexicas diferenciaban los jardines según su función y jerarquía social: Xoxochitla (“lugar de flores”) se refería a jardines de cultivo floral, Xochitepanyo a jardines rodeados por muros, Xochichinancali para clases populares y Xochiteipancalli o “palacio de flores” para la nobleza (Cetzal-Ix y Noguera-Savelli, 2014).

Paralelamente, los mercados reflejaban la vida social y económica, la relación con la naturaleza, las prácticas culturales y el aprovechamiento de la diversidad vegetal. La oferta de plantas variaba a lo largo del año según la estacionalidad de las especies (Hernández-Xolocotzi, 1983; Argenta-Villamar, 2016). Uno de los principales centros comerciales fue el mercado de Tlatelolco, donde se vendían alimentos frescos, frutas, verduras, flores, telas y otros artículos, incluyendo un área de venta de esclavos. Con la llegada de los españoles, su dinámica cambió al incorporar productos autóctonos y mercancías traídas del viejo continente (CEDRSSA, 2019). 

Durante la época colonial, México careció de jardines botánicos formales por 270 años, por lo que los españoles realizaron múltiples expediciones para documentar la riqueza natural (Vovides et al., 2010). Francisco Hernández de Toledo participó seis años (1571-1577) en la expedición a Nueva España, describiendo los usos curativos de las plantas y registrando alrededor de 3,000 especies. Más tarde, en 1787, Martín Sessé organizó la Real Expedición Botánica a Nueva España, que duró aproximadamente 13 años y dio lugar al Real Jardín Botánico de Nueva España (Vovides et al., 2010). 


Contexto actual del uso y comercio de plantas ornamentales en México

El cultivo de plantas ornamentales es una de las actividades agrícolas más rentables en México, reflejándose en la diversidad de flores de corte frescas, follajes y partes secas o procesadas que se comercializan a nivel nacional e internacional (INEGI, 2022). En el año 2023, el comercio de plantas ornamentales en México alcanzó 313 millones de dólares, debajo de países como Colombia, Ecuador, Canadá y China, fiscalizando su comercio exclusivamente con Estados Unidos (Secretaría de Economía, 2024). 

El aprovechamiento de plantas ornamentales del medio silvestre continúa existiendo como al inicio de las primeras civilizaciones, aunque actualmente es poco conocida debido a la falta de estudios académicos y a la idea generalizada de que toda planta ornamental es cultivada. De hecho, en el gremio botánico es sabido que el comercio ilegal y a gran escala ha causado la desaparición de varias especies de plantas en sus hábitats naturales, principalmente orquídeas, cactáceas y cícadas. En consecuencia, aun cuando las cifras indican que la mayoría de las exportaciones sobre agrobiodiversidad ornamental proviene de cultivos en viveros, múltiples follajes, bulbos, flores, frutos, semillas y esquejes procedentes de especies silvestres siguen siendo comercializados a escalas desconocidas.


Descubriendo la agrobiodiversidad ornamental en los mercados tradicionales

México presenta una flora extraordinariamente variada, resultado de la diversidad de regiones y climas, así como de la intervención humana y la introducción de plantas foráneas. Sin embargo, la falta de registros adecuados dificulta conocer con precisión cuántas especies se usan con fines ornamentales. Actualmente, algunas propuestas conservadoras sugieren que alrededor de 1,000 especies podrían estar siendo aprovechadas con fines ornamentales (CONABIO, 2020), aun cuando otras 4,220 especies podrían ser potencialmente ornamentales, incluyendo 3,434 nativas y 786 introducidas (CONABIO, 2020). Por ello, los estudios en mercados resultan clave para sistematizar la información sobre la biodiversidad comercializada, así como para comprender los impactos económicos y ecológicos del aprovechamiento de la agrobiodiversidad ornamental.

Los mercados rurales y urbanos conservan un valioso conocimiento sobre plantas ornamentales. En la Ciudad de México, los mercados de flores de Tenancingo y Jamaica son invaluables ejemplos sobre cómo estos espacios siguen siendo fuentes vivas de saberes etnobotánicos (Munguía et al., 2010). La Central de Abastos de la Ciudad de México (CEDA) destaca por recibir diariamente toneladas de flores y follajes provenientes de distintos estados, tanto cultivadas como extraídas de ecosistemas naturales.

Para minimizar este vacío de conocimiento, desde enero del 2023 el Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM, en colaboración con el Instituto de Ecología A.C. ubicado en Xalapa, Veracruz, ha monitoreado el comercio de agrobiodiversidad ornamental en la CEDA, registrando un total de 10 puestos fijos y aproximadamente siete puestos ambulantes, atendidos por personas de 10 diferentes estados del país. De éstos, las localidades prioritarias de procedencia de esta agrobiodiversidad residen en los estados de Puebla, Hidalgo y Morelos.

Durante este período se han documentado poco más de 35 especies de plantas ornamentales comercializadas en la CEDA, siendo Tillandsia punctulata Schltdl. & Cham. (cebollin), Rhipsalis baccifera (Sol). Stearn. (cola de caballo), Typha latifolia L. (cohete) y Leucophyllum ambiguum Bonpl. (oreja de ratón) las más comunes (Figura 1 y 2). Las especies raras registradas en un solo puesto o en una ocasión incluyen: Tillandsia deppeana Steud (bromelia), Tillandsia heterophylla É. Morren (bromelia), Huperzia sp. (cola de zorro), Dichea sp. (helecho de monte), Oncidium sphacelatum Lindl. (flor de mayo), Epidendrum melistagum Hágsater (orquídea), Encyclia radiata (Lindl). Dressler. (canelita) y Stanhopea hernandezii (Kunth) Schltr. (torito) (Figura 3). 


Figura 1. Puestos de plantas en la Central de Abastos de la CDMX. Fotografías de: Mauricio González Muñoz.


Figura 2. Plantas ornamentales silvestres frescas más comercializadas en la Central de Abastos, Ciudad de México: A) Tillandsia punctulata, B) Rhipsalis baccifera, C) Typha latifolia, D) Leocophyllum ambiguum. Fotografías: Mauricio González Muñoz. 


El volumen total comercializado hasta la fecha se estima en 6,696 plantas, destacando T. punctulata y T. latifolia, como las especies con más volumen comercializado. Un total de siete especies se encuentran en alguna categoría de protección de acuerdo con la NOM-059-SEMARNAT-2010 (en peligro de extinción: 1 especie; sujetas a protección especial: 4 especies; amenazadas: 2 especies), lo que resalta la importancia de monitorear su comercio para evitar impactos negativos sobre las poblaciones naturales.


Figura 3. Plantas silvestres ornamentales raras comercializadas en al Central de Abastos de la CDMX: A) Tillandsia deppeana, B) Tillandsia heterophylla, C) Huperzia sp., D) Dichea sp., E) Oncidiun sphacelatum, F) Epidendrum melistagum, G) Encyclia radiata y H) Stanhopea hernandezii. Fotografía: Mauricio González Muñoz. 

Cabe resaltar que, pese a la colecta intensiva en ambientes silvestres, esta investigación demostró que para mantener un suministro constante de plantas ornamentales los comerciantes han desarrollado estrategias de manejo que inciden en la productividad, tal es el caso del establecimiento de plantaciones forestales de especies como Eucalyptus cinerea F. Muell. ex Benth. (dólar), Monstera deliciosa Liebm. (piñanona), Chamaedorea tepejilote Liebm. (palma tepejilote), Schinus molle L. (pirul), Hedera helix L. (hiedra), entre otras. 

Estos hallazgos muestran que la CEDA opera como un centro clave de acopio y redistribución de plantas ornamentales silvestres en el centro de México, las cuales se comercializan principalmente a manera de follajes e inflorescencias, reflejando un mercado activo y en crecimiento. Pero más allá de las cifras, este espacio sintetiza siglos de historia en torno a la belleza, el adorno y el comercio —legal e ilegal— de las plantas ornamentales alrededor del globo. La CEDA, al ser el mercado más grande e importante de todo México y Latinoamérica, concentra en un mismo lugar y de una forma muy dinámica, lo que estas especies significan cultural y socialmente en sus regiones de origen, al tiempo que abre la puerta a nuevas preguntas de investigación sobre conservación, comercio y tradición.

Agradecimientos

Se agradece a la SECIHTI por los recursos financieros otorgados a través del proyecto “Un Jardín Etnobiológico dentro de la UNAM: impulsor de la revalorización del conocimiento biocultural en la Ciudad de México” (nos. 305027, 321339 y RENAJEB 2023-2), que permitieron la realización del presente trabajo de investigación.

Esta investigación también fue financiada por el Programa UNAM-PAPIIT en el marco del proyecto: "Manejo y conservación de la agrobiodiversidad en la región del Alto Balsas: una aproximación desde la sostenibilidad socioecológica (IA205923)”.


Bibliografía citada

Altman, A., Shennan, E. y Odling-Smee, J. 2022. Ornamental plant domestication by aesthetics-driven human cultural niche construction. Cell Press 27: 124-138.

Argenta-Villamar, A. 2016. El estudio etnobioecológico de los tianguis y mercados en México. Etnobiología 14(2): 38-46

Barnes, J. 2005. The history of ornamental gardening. Garden History Press.

Brockway, L. H. 1979. Science and colonial expansion: The role of the British Royal Botanic Gardens. American Ethnologist 6(3): 449–465.

CEDRSSA. 2019. La distribución y abasto de alimentos: Situación actual de la Central de Abasto de la Ciudad de México. Palacio Legislativo de San Lázaro.

Cetzal-Ix, W. y Noguera-Savelli, E. 2014. Jardines prehispánicos de México. Herbario CICY 6: 109–112.

CONABIO. 2020. Ornamental. Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, México. Recuperado el 7 marzo, 2025 de: https://www.biodiversidad.gob.mx/diversidad/ornamental

Dalby, A. & Giesecke, A. 2022. Plants as natural ornaments. Francis, J. (Ed.), A cultural history of plants in the early modern era. Bloomsbury Academic. pp. 157-177.

Giesecke, A. 2022. Plants as natural ornaments. Tally-Schumacher (Ed.). A cultural history of plants in antiquity. Bloomsbury Academic. 1: 155-175.

Hernández-Xolocotzi, E., Vargas, A., Gómez, N. T., Montes, J. y Brauer, F. 1983. Consideraciones etnobotánicas de los mercados de México. Revista de Geografía Agrícola 4: 13–28.

Hinsley, A., Hughes, A. C., van Valkenburg, J., Stark, T., van Delft, J., Sutherland, W., y Petrovan, S. O. 2024. Understanding the environmental and social risks from the international trade in ornamental plants. BioScience 0: 1-18.

INEGI. 2022. La horticultura ornamental en México. Instituto Nacional de Estadística y Geografía, México. Recuperado el 13 diciembre, 2024 de: https://en.www.inegi.org.mx/contenidos/productos/prod_serv/contenidos/espanol/bvinegi/productos/historicos/380/702825117788/702825117788.pdf


Munguía, G., Vázquez-García, L. M. y López-Sandoval, J. A. 2010. Plantas silvestres ornamentales comercializadas en los mercados de la flor de Tenancingo y Jamaica, México. Polibotánica. 29: 281-308.

Nadal, L., Carmona Omana, A. y Trouyet Starr, M. 2013. Tráfico ilegal de vida silvestre. SEMARNAT. Recuperado el 20 enero, 2025 de: https://biblioteca.semarnat.gob.mx/janium/Documentos/Ciga/Libros2013/CD001601.pdf

Nielsen, V. 2023. The colonial roots of botany: legacies of empire in the botanic gardens of Oxford and Kew. Museum Management and Curatorship 38(6): 696-712.

Pérez, R. I. 2004. Vergeles Mexicas. Boletín del Instituto de Investigación Bibliográfica 9: 167-192.

Prance, S. G., & Nesbitt, M. 2005. The Cultural History of Plants (1st ed.). Routledge. Recuperado el 22 septiembre, 2025 de: https://doi.org/10.4324/9780203020906

Secretaría de Economía. 2024. Live plants and floricultural products. DataMéxico. Recuperado el 27 enero, 2025 de: https://www.economia.gob.mx/datamexico/es/profile/product/live-plants-and-floricultural-products?tradeBalanceSelector=2022#intercambio-comercial

Taylor, J. M. 2009. The global migrations of ornamental plants: How the world got into your garden. Missouri Botanical Garden Press. Recuperado el 01 noviembre, 2024 de https://books.google.com.mx/books/about/The_global_migrations_of_ornamental_plan.html?id=dIRFAQAAIAAJ&hl=en&redir_esc=y

Vovides, P. A., Linares, E. y Bye, R. 2010. Jardines botánicos de México: historia y perspectivas. Instituto de Ecología.


jueves, 22 de abril de 2021

Ser amigables con el ambiente nos alimentará


La biodiversidad es un término muy escuchado en tiempos recientes, debido a que día a día perdemos una gran cantidad de ella por diferentes causas relacionadas a la actividad humana y a las nuevas condiciones ambientales. A pesar de que a cada minuto hacemos uso de la biodiversidad, a veces no tenemos muy clara su importancia o qué es exactamente. 

Comencemos por definir qué es biodiversidad, en particular la agrobiodiversidad. El término se refiere a todas las especies vegetales, animales, hongos y microorganismos asociados a la producción de alimentos, materias primas y sus parientes silvestres. Y cuando nos referimos a agrobiodiversidad esto incluye a los organismos domesticados, a sus parientes silvestres y a las especies con las que interactúan, como los polinizadores, depredadores o parásitos (1999, 2016; Crowley et al., 2007; Moreno-Calles et al., 2013; Casas et al., 2016a).

El término agrobiodiversidad también hace referencia a los genes de las especies, poblaciones, comunidades y ecosistemas (Jakson et al., 2005). Por ejemplo, ¿han observado los maíces nativos? ¡Son de variados tamaños y colores! Esas cualidades son un reflejo de su diversidad genética (Sánchez, 2011). Ahora imagina una parcela donde se siembra maíz rojo, azul y blanco. En dicha parcela llega un patógeno (organismo que daña a la planta) que infecta y mata a la mayoría de los maíces blancos. En cambio, los maíces rojos y azules son resistentes a este patógeno y aún se obtiene una cosecha. Este es un ejemplo de cómo la variabilidad genética dentro de una parcela puede evitar que se pierda la totalidad de la cosecha a causa de un evento inesperado (Figura 1).

Figura 1. El maíz, a pesar de ser una sola especie, presenta una alta variedad de razas, producto de su diversidad genética.


Ahora que ya sabemos a qué se refiere la agrobiodiversidad, podemos asegurar que es la piedra angular dela alimentación en el mundo. Sobre todo porque la diversidad genética es lo que permite la adaptación de los sistemas de producción alimentaria ante ambientes cambiantes y fenómenos climáticos extremos (Wilkes, 1992; Hayward et al., 2015). Por desgracia, en varias partes del mundo la agrobiodiversidad se está perdiendo (Figura 2).

Figura 2. Pérdida de diversidad de variedades vegetales de 1903 a 1980 en EUA. Tomado de: Tomanio J. (2011). Dwindling Food Variety.


A partir de la revolución verde, la tendencia en la agricultura ha sido cambiar la siembra de variedades nativas y el uso de prácticas tradicionales por el cultivo intensivo, en el que se usan pocas variedades de alto rendimiento (bajo condiciones muy específicas) que requieren métodos agrícolas estandarizados que han deteriorado el suelo y la biodiversidad (Brown, 1975 en Cohen y Galinat, 1984, Jardón y Benítez, 2016). El uso extensivo de las variedades de alto rendimiento también deja muy susceptible a la agroindustria ante plagas y enfermedades emergentes, a causa de que la diversidad genética que tienen es mínima (Wilkes, 1992). Los paquetes tecnológicos de la agricultura extensiva, además del daño ambiental que ocasionan, están lejos de poder erradicar el hambre, por lo que se requiere que probemos alternativas (Jardón y Benítez, 2016). ¿Cuáles alternativas tenemos para asegurar nuestra alimentación a largo plazo siendo amigables con la biodiversidad? Se estima que el 70% de la población mundial es alimentada por redes de producción campesinas que sólo usan 25% de los recursos disponibles (agua, terreno y combustibles fósiles); mientras que la agroindustria utiliza 75% de recursos agrícolas y sólo provee de alimento a 30% de personas en el mundo (ETC Group, 2017).


 Figura 3. La conservación in situ como una propuesta
para la conservación de la diversidad biológica y el
patrimonio biocultural.
Otro punto importante es encontrar estrategias que permitan la conservación de la agrobiodiversidad. En la actualidad, contamos con dos tipos de estrategias para la conservación, el primer tipo son las estrategias in situ, las cuales se refieren a la conservación de la agrobiodiversidad en el ambiente donde se desarrolla y relaciona de manera natural, y donde se han dado los procesos ecológicos y sociales que continuamente originan y mantienen la agrobiodiversidad, que incluyen la domesticación, el mejoramiento y el intercambio de semillas que aún se llevan a cabo en la agricultura campesina de México (Boege, 2008; Jardón y Benítez, 2016) (Figura 3).


A pesar de que las estrategias in situ son las más integrales y deseables para la conservación, también es necesaria la conservación ex situ, ya que se respalda la agrobiodiversidad que está en fuerte peligro de desaparecer de la naturaleza y de los ecosistemas con mayor presencia humana (Cohen et al., 1991; Wyse Jackson y Sutherland, 2000). Entre las estrategias de conservación ex situ podemos encontrar la creación de bancos de semillas, bancos de ADN, bancos de polen, bancos de material in vitro y colecciones dentro de jardínes botánicos. Estos últimos son colecciones vivientes de ejemplares que se mantienen para estar disponibles a lo largo del tiempo. También se realiza investigación referente a la agrobiodiversidad y a la biodiversidad de plantas en general (Cristín y Perrilliat, 2011).


Figura 4. Las dietas sostenibles conllevan el consumo
variado de especies de plantas, y apoyan la economía
de productores nacionales/locales.
Cabe mencionar que la conservación debe ser tarea de todos los que hacemos uso de la agrobiodiversidad, pero ¿y si vivo en la ciudad cómo lo hago? Una manera en la que la ciudadanía puede apoyar en la conservación es mediante la adopción de dietas sostenibles, en las que se promueve el consumo de especies con alto valor nutricional y se incluyen diversas variedades de plantas, así como especies silvestres subutilizadas (Figura 4).

Es importante reflexionar que, a lo largo de la historia, se han observado las consecuencias de adoptar prácticas agrícolas intensivas sin tomar en cuenta la gran agrobiodiversidad disponible. Uno de los ejemplos con consecuencias más devastadoras es la Gran Hambruna que tuvo lugar en Irlanda entre 1845 y 1852, donde un millón de irlandeses murieron y otros dos millones emigraron. Las causas de esta hambruna están asociadas a la disolución de las dinámicas sociales que posibilitaron la agricultura tradicional y a las políticas externas del imperio Británico, pero sobre todo a que el pilar de la alimentación de Irlanda era la papa. Así que cuando el protista Phytophthora infestans llegó a Irlanda, encontró un ecosistema con amplios monocultivos de papa, donde pudo desarrollarse de manera muy rápida y efectiva. Una vez que los cultivos de papa se perdieron, los habitantes de la isla no tuvieron más sustento (Vandermeer, 2011) (Figura 5).


Figura 5. Escultura de Rowan Gillespi que hace homenaje a las personas de Irlanda que tuvieron que emigrar por la Gran Hambruna. Tomado de: Cogswell R. (2018). The Famine Memorial. 


Entonces, queda claro que la agrobiodiversidad es un componente muy importante para la producción de alimentos en el mundo y que se necesitan estrategias dirigidas a conservarla y que reconozcan a la agrobiodiversidad como un elemento que está embebido en un contexto ecológico y social, donde se promueve la existencia de redes alimentarias campesinas; asimismo, se necesitan las colecciones, como los jardines botánicos y bancos de germoplasma, en donde se pueden mantener semillas y plantas in vitro por largos periodos de tiempo.

Autores: 

María Guadalupe León Jiménez
Daniel Morales Villegas
José Carlos Moreno Juárez
Amanda Sofía Arana González
Manuel Adrián Gutiérrez Alejo

Referencias

● Bazile D. (Coord.). (2011). Agrobiodiversidad: derechos de propiedad intelectual sobre lo vivo y el mejoramiento de especies agrícolas. Le Monde Diplomatique. pág. 9.
● Casas A, Vallejo M. (2019). Agroecología y agrobiodiversidad. En: Merino PL Crisis ambiental en México. Ruta para el cambio. Universidad Nacional Autónoma de México, México pp.99-117.
● Cohen J, Galinat W. (1984). Potential Use of Alien Germplasm for Maize Improvement 1. Crop Science 24: 1011-1015.
● Cristín A, Perrilliat M. (2011). Las colecciones científicas y la protección del patrimonio paleontológico. Boletín de la Sociedad Geológica Mexicana, 63(3), 421-427.
● Jardón B, Benítez K. (2016). La comunidad agroecológica como unidad ecológica, de domesticación y conservación. En: Guerrero MO, Valadez BE, Vizcaya X. Naturaleza, Ciencia y Sociedad: 40 años de pensamiento crítico interdisciplinario en la Facultad de Ciencias. CopIt-arXives y Facultad de Ciencias, Ciudad de México, pp. 77-89.
● Hayward A, Tollenaere R, Dalton-Morgan J, Batley J. (2015). Molecular marker application in plants. En: Batley J. Plant Genotyping: Methods in Molecular Biology. Nueva York: Humana Press, pp. 13-27.
● Sánchez G. (2011). Diversidad del Maíz y el Teocintle. Informe preparado para el proyecto: “Recopilación, generación, actualización y análisis de información acerca de la diversidad genética de maíces y sus parientes silvestres en México”. Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, México.
● Vandermeer J. (2011). Ecologý of Agroecosystems. Jones and Bartlett Publishers. Massachusetts, 4 p.p.
● Wilkes G. (1992). Issues in Agriculture 5: Strategies for Sustaining Crop Germplasm Preservation, Enhancement, and Use. Consultative Group on International Agricultural Research, Washington D.C. 47 pp.
● Tomanio J. (2011). Dwindling Food Variety. https://www.nationalgeographic.org/media/infographic-design/
● Cogswell R. (2018). The Famine Memorial. https://www.flickr.com/photos/22711505@N05/45460003645