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miércoles, 8 de octubre de 2025

Agrobiodiversidad ornamental: del uso cotidiano, intercambio cultural y comercio

 Mauricio González-Muñoz1, Rodrigo A. Hernández-Cárdenas2  y Leonardo Beltrán-Rodríguez3

1Carrera de Biología, Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México.
2Red de Biodiversidad y Sistemática, Instituto de Ecología A.C.
3Laboratorio de Etnobotánica Ecológica2, Jardín Botánico, Instituto de Biología, Universidad Nacional Autónoma de México.


Las plantas ornamentales han acompañado a la humanidad desde hace siglos. Se han valorado no solo por su aspecto llamativo, sus aromas o el simbolismo cultural que encierran, sino también porque permiten transformar los espacios cotidianos, privados y colectivos en lugares más agradables: desde calles, casas, hasta jardines, templos o museos. Además, son uno de los grupos vegetales más fascinantes, tanto por su belleza, impacto cultural e importancia económica a través de los tiempos (Prance & Nesbitt, 2005; Taylor, 2009).

La percepción de lo que se considera “bello” en la naturaleza no ha sido estático. A lo largo del tiempo, cada cultura ha definido y resignificado la belleza de distintas especies vegetales, adaptando también su manera de aprovecharlas e integrarlas en la vida diaria. Para que una planta sea considerada ornamental debe cumplir ciertos requisitos, sobre todo de tipo morfológico, aromático, cromático e incluso espiritual (CONABIO, 2020).

El creciente interés por las plantas ornamentales nativas ha puesto en riesgo a muchas de ellas debido al saqueo, sobreexplotación y la destrucción de sus hábitats. Con frecuencia se recolectan directamente del medio silvestre, ya sea retirando la planta por completo o bien solo algunas de sus partes. Esta práctica suele estar impulsada por la rareza de las especies, por el prestigio que representa poseerlas, por embellecer jardines y/o espacios verdes o para integrarlas en colecciones privadas (Nadal et al., 2013). 

Debido a lo anterior, es necesario realizar estudios de mercado que resalten el verdadero impacto y las presiones socio-ecológicas asociadas a la cosecha y comercialización de esta agrobiodiversidad. Esta situación es particularmente preocupante en mercados con importancia nacional en su red mercantil.

Contexto histórico del uso y distribución de las plantas ornamentales 

El uso ornamental de las plantas es muy antiguo. Algunos registros arqueobotánicos indican que las partes flóreles de las plantas se colocaban como ofrenda en entierros, otorgándoles un profundo simbolismo espiritual (Altman et al., 2022). En China, la tradición de jardinería con fines ornamentales se originó como espacios recreativos para la nobleza y, al mismo tiempo, como símbolos de poder (Barnes, 2005). En contraste, culturas como la egipcia y la mesopotámica transformaron los jardines utilitarios en espacios recreativos, combinando flores de loto, papiros, palmas, árboles frutales y plantas comestibles como el azafrán o la amapola. Estos jardines no solo eran bellos, sino que integraban la estética con el uso agrícola o frutícola (Giesecke, 2022). 

En la Grecia y Roma clásicas, los jardines unían lo útil con lo estético. En Atenas se plantaban olivos y laureles en espacios urbanos y se adornaban templos, mientras que los romanos preferían especies con hojas perennes como símbolos de fertilidad y eternidad, que decoraban monumentos y edificios (Giesecke, 2022). Durante el Renacimiento y la Edad Moderna, la percepción y el uso de las plantas ornamentales cambiaron radicalmente. El colonialismo europeo abrió nuevas rutas de comercio e intercambio cultural, principalmente con América y Asia (Hinsley et al., 2024). Esto amplió la disponibilidad de especies que rápidamente se convirtieron en objeto de deseo para jardineros y coleccionistas europeos, generando un comercio ostentoso de plantas raras y exóticas (Barnes, 2005). 

El interés por las especies exóticas impulsó la creación de redes de comercio formales e informales, surgieron viveros y jardines botánicos destinados a producir y aclimatar plantas tropicales y de diferentes partes del mundo. Además, algunas especies fueron mejoradas mediante selección e hibridación, y las técnicas de cultivo se perfeccionaron de manera paralela (Brockway, 1979; Dalby & Giesecke, 2022; Nielsen, 2023).


Historia de México a través de mercados y jardines

En México, el conocimiento, uso y comercialización de plantas ornamentales se practica desde tiempos prehispánicos. Los jardines botánicos y mercados tradicionales fueron clave para transmitir y preservar el conocimiento de estos recursos.

Los jardines prehispánicos tenían una dualidad interesante: servían como espacios de recreación, culto y muestra del poder de los huey tlatoani —líder de una ciudad-estado en el poderío de la triple alianza—, pero al mismo tiempo funcionaban como centros de estudio y colección de agrobiodiversidad —flora y fauna útil—, donde el conocimiento sobre la naturaleza quedó reflejado en nombres indígenas que aún perduran (Pérez, 2004; Vovides, 2010). Por ejemplo, los mexicas diferenciaban los jardines según su función y jerarquía social: Xoxochitla (“lugar de flores”) se refería a jardines de cultivo floral, Xochitepanyo a jardines rodeados por muros, Xochichinancali para clases populares y Xochiteipancalli o “palacio de flores” para la nobleza (Cetzal-Ix y Noguera-Savelli, 2014).

Paralelamente, los mercados reflejaban la vida social y económica, la relación con la naturaleza, las prácticas culturales y el aprovechamiento de la diversidad vegetal. La oferta de plantas variaba a lo largo del año según la estacionalidad de las especies (Hernández-Xolocotzi, 1983; Argenta-Villamar, 2016). Uno de los principales centros comerciales fue el mercado de Tlatelolco, donde se vendían alimentos frescos, frutas, verduras, flores, telas y otros artículos, incluyendo un área de venta de esclavos. Con la llegada de los españoles, su dinámica cambió al incorporar productos autóctonos y mercancías traídas del viejo continente (CEDRSSA, 2019). 

Durante la época colonial, México careció de jardines botánicos formales por 270 años, por lo que los españoles realizaron múltiples expediciones para documentar la riqueza natural (Vovides et al., 2010). Francisco Hernández de Toledo participó seis años (1571-1577) en la expedición a Nueva España, describiendo los usos curativos de las plantas y registrando alrededor de 3,000 especies. Más tarde, en 1787, Martín Sessé organizó la Real Expedición Botánica a Nueva España, que duró aproximadamente 13 años y dio lugar al Real Jardín Botánico de Nueva España (Vovides et al., 2010). 


Contexto actual del uso y comercio de plantas ornamentales en México

El cultivo de plantas ornamentales es una de las actividades agrícolas más rentables en México, reflejándose en la diversidad de flores de corte frescas, follajes y partes secas o procesadas que se comercializan a nivel nacional e internacional (INEGI, 2022). En el año 2023, el comercio de plantas ornamentales en México alcanzó 313 millones de dólares, debajo de países como Colombia, Ecuador, Canadá y China, fiscalizando su comercio exclusivamente con Estados Unidos (Secretaría de Economía, 2024). 

El aprovechamiento de plantas ornamentales del medio silvestre continúa existiendo como al inicio de las primeras civilizaciones, aunque actualmente es poco conocida debido a la falta de estudios académicos y a la idea generalizada de que toda planta ornamental es cultivada. De hecho, en el gremio botánico es sabido que el comercio ilegal y a gran escala ha causado la desaparición de varias especies de plantas en sus hábitats naturales, principalmente orquídeas, cactáceas y cícadas. En consecuencia, aun cuando las cifras indican que la mayoría de las exportaciones sobre agrobiodiversidad ornamental proviene de cultivos en viveros, múltiples follajes, bulbos, flores, frutos, semillas y esquejes procedentes de especies silvestres siguen siendo comercializados a escalas desconocidas.


Descubriendo la agrobiodiversidad ornamental en los mercados tradicionales

México presenta una flora extraordinariamente variada, resultado de la diversidad de regiones y climas, así como de la intervención humana y la introducción de plantas foráneas. Sin embargo, la falta de registros adecuados dificulta conocer con precisión cuántas especies se usan con fines ornamentales. Actualmente, algunas propuestas conservadoras sugieren que alrededor de 1,000 especies podrían estar siendo aprovechadas con fines ornamentales (CONABIO, 2020), aun cuando otras 4,220 especies podrían ser potencialmente ornamentales, incluyendo 3,434 nativas y 786 introducidas (CONABIO, 2020). Por ello, los estudios en mercados resultan clave para sistematizar la información sobre la biodiversidad comercializada, así como para comprender los impactos económicos y ecológicos del aprovechamiento de la agrobiodiversidad ornamental.

Los mercados rurales y urbanos conservan un valioso conocimiento sobre plantas ornamentales. En la Ciudad de México, los mercados de flores de Tenancingo y Jamaica son invaluables ejemplos sobre cómo estos espacios siguen siendo fuentes vivas de saberes etnobotánicos (Munguía et al., 2010). La Central de Abastos de la Ciudad de México (CEDA) destaca por recibir diariamente toneladas de flores y follajes provenientes de distintos estados, tanto cultivadas como extraídas de ecosistemas naturales.

Para minimizar este vacío de conocimiento, desde enero del 2023 el Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM, en colaboración con el Instituto de Ecología A.C. ubicado en Xalapa, Veracruz, ha monitoreado el comercio de agrobiodiversidad ornamental en la CEDA, registrando un total de 10 puestos fijos y aproximadamente siete puestos ambulantes, atendidos por personas de 10 diferentes estados del país. De éstos, las localidades prioritarias de procedencia de esta agrobiodiversidad residen en los estados de Puebla, Hidalgo y Morelos.

Durante este período se han documentado poco más de 35 especies de plantas ornamentales comercializadas en la CEDA, siendo Tillandsia punctulata Schltdl. & Cham. (cebollin), Rhipsalis baccifera (Sol). Stearn. (cola de caballo), Typha latifolia L. (cohete) y Leucophyllum ambiguum Bonpl. (oreja de ratón) las más comunes (Figura 1 y 2). Las especies raras registradas en un solo puesto o en una ocasión incluyen: Tillandsia deppeana Steud (bromelia), Tillandsia heterophylla É. Morren (bromelia), Huperzia sp. (cola de zorro), Dichea sp. (helecho de monte), Oncidium sphacelatum Lindl. (flor de mayo), Epidendrum melistagum Hágsater (orquídea), Encyclia radiata (Lindl). Dressler. (canelita) y Stanhopea hernandezii (Kunth) Schltr. (torito) (Figura 3). 


Figura 1. Puestos de plantas en la Central de Abastos de la CDMX. Fotografías de: Mauricio González Muñoz.


Figura 2. Plantas ornamentales silvestres frescas más comercializadas en la Central de Abastos, Ciudad de México: A) Tillandsia punctulata, B) Rhipsalis baccifera, C) Typha latifolia, D) Leocophyllum ambiguum. Fotografías: Mauricio González Muñoz. 


El volumen total comercializado hasta la fecha se estima en 6,696 plantas, destacando T. punctulata y T. latifolia, como las especies con más volumen comercializado. Un total de siete especies se encuentran en alguna categoría de protección de acuerdo con la NOM-059-SEMARNAT-2010 (en peligro de extinción: 1 especie; sujetas a protección especial: 4 especies; amenazadas: 2 especies), lo que resalta la importancia de monitorear su comercio para evitar impactos negativos sobre las poblaciones naturales.


Figura 3. Plantas silvestres ornamentales raras comercializadas en al Central de Abastos de la CDMX: A) Tillandsia deppeana, B) Tillandsia heterophylla, C) Huperzia sp., D) Dichea sp., E) Oncidiun sphacelatum, F) Epidendrum melistagum, G) Encyclia radiata y H) Stanhopea hernandezii. Fotografía: Mauricio González Muñoz. 

Cabe resaltar que, pese a la colecta intensiva en ambientes silvestres, esta investigación demostró que para mantener un suministro constante de plantas ornamentales los comerciantes han desarrollado estrategias de manejo que inciden en la productividad, tal es el caso del establecimiento de plantaciones forestales de especies como Eucalyptus cinerea F. Muell. ex Benth. (dólar), Monstera deliciosa Liebm. (piñanona), Chamaedorea tepejilote Liebm. (palma tepejilote), Schinus molle L. (pirul), Hedera helix L. (hiedra), entre otras. 

Estos hallazgos muestran que la CEDA opera como un centro clave de acopio y redistribución de plantas ornamentales silvestres en el centro de México, las cuales se comercializan principalmente a manera de follajes e inflorescencias, reflejando un mercado activo y en crecimiento. Pero más allá de las cifras, este espacio sintetiza siglos de historia en torno a la belleza, el adorno y el comercio —legal e ilegal— de las plantas ornamentales alrededor del globo. La CEDA, al ser el mercado más grande e importante de todo México y Latinoamérica, concentra en un mismo lugar y de una forma muy dinámica, lo que estas especies significan cultural y socialmente en sus regiones de origen, al tiempo que abre la puerta a nuevas preguntas de investigación sobre conservación, comercio y tradición.

Agradecimientos

Se agradece a la SECIHTI por los recursos financieros otorgados a través del proyecto “Un Jardín Etnobiológico dentro de la UNAM: impulsor de la revalorización del conocimiento biocultural en la Ciudad de México” (nos. 305027, 321339 y RENAJEB 2023-2), que permitieron la realización del presente trabajo de investigación.

Esta investigación también fue financiada por el Programa UNAM-PAPIIT en el marco del proyecto: "Manejo y conservación de la agrobiodiversidad en la región del Alto Balsas: una aproximación desde la sostenibilidad socioecológica (IA205923)”.


Bibliografía citada

Altman, A., Shennan, E. y Odling-Smee, J. 2022. Ornamental plant domestication by aesthetics-driven human cultural niche construction. Cell Press 27: 124-138.

Argenta-Villamar, A. 2016. El estudio etnobioecológico de los tianguis y mercados en México. Etnobiología 14(2): 38-46

Barnes, J. 2005. The history of ornamental gardening. Garden History Press.

Brockway, L. H. 1979. Science and colonial expansion: The role of the British Royal Botanic Gardens. American Ethnologist 6(3): 449–465.

CEDRSSA. 2019. La distribución y abasto de alimentos: Situación actual de la Central de Abasto de la Ciudad de México. Palacio Legislativo de San Lázaro.

Cetzal-Ix, W. y Noguera-Savelli, E. 2014. Jardines prehispánicos de México. Herbario CICY 6: 109–112.

CONABIO. 2020. Ornamental. Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, México. Recuperado el 7 marzo, 2025 de: https://www.biodiversidad.gob.mx/diversidad/ornamental

Dalby, A. & Giesecke, A. 2022. Plants as natural ornaments. Francis, J. (Ed.), A cultural history of plants in the early modern era. Bloomsbury Academic. pp. 157-177.

Giesecke, A. 2022. Plants as natural ornaments. Tally-Schumacher (Ed.). A cultural history of plants in antiquity. Bloomsbury Academic. 1: 155-175.

Hernández-Xolocotzi, E., Vargas, A., Gómez, N. T., Montes, J. y Brauer, F. 1983. Consideraciones etnobotánicas de los mercados de México. Revista de Geografía Agrícola 4: 13–28.

Hinsley, A., Hughes, A. C., van Valkenburg, J., Stark, T., van Delft, J., Sutherland, W., y Petrovan, S. O. 2024. Understanding the environmental and social risks from the international trade in ornamental plants. BioScience 0: 1-18.

INEGI. 2022. La horticultura ornamental en México. Instituto Nacional de Estadística y Geografía, México. Recuperado el 13 diciembre, 2024 de: https://en.www.inegi.org.mx/contenidos/productos/prod_serv/contenidos/espanol/bvinegi/productos/historicos/380/702825117788/702825117788.pdf


Munguía, G., Vázquez-García, L. M. y López-Sandoval, J. A. 2010. Plantas silvestres ornamentales comercializadas en los mercados de la flor de Tenancingo y Jamaica, México. Polibotánica. 29: 281-308.

Nadal, L., Carmona Omana, A. y Trouyet Starr, M. 2013. Tráfico ilegal de vida silvestre. SEMARNAT. Recuperado el 20 enero, 2025 de: https://biblioteca.semarnat.gob.mx/janium/Documentos/Ciga/Libros2013/CD001601.pdf

Nielsen, V. 2023. The colonial roots of botany: legacies of empire in the botanic gardens of Oxford and Kew. Museum Management and Curatorship 38(6): 696-712.

Pérez, R. I. 2004. Vergeles Mexicas. Boletín del Instituto de Investigación Bibliográfica 9: 167-192.

Prance, S. G., & Nesbitt, M. 2005. The Cultural History of Plants (1st ed.). Routledge. Recuperado el 22 septiembre, 2025 de: https://doi.org/10.4324/9780203020906

Secretaría de Economía. 2024. Live plants and floricultural products. DataMéxico. Recuperado el 27 enero, 2025 de: https://www.economia.gob.mx/datamexico/es/profile/product/live-plants-and-floricultural-products?tradeBalanceSelector=2022#intercambio-comercial

Taylor, J. M. 2009. The global migrations of ornamental plants: How the world got into your garden. Missouri Botanical Garden Press. Recuperado el 01 noviembre, 2024 de https://books.google.com.mx/books/about/The_global_migrations_of_ornamental_plan.html?id=dIRFAQAAIAAJ&hl=en&redir_esc=y

Vovides, P. A., Linares, E. y Bye, R. 2010. Jardines botánicos de México: historia y perspectivas. Instituto de Ecología.


miércoles, 11 de octubre de 2023

Copal: elemento central en la ofrenda de día de muertos

 

Desde la prehistoria los humanos rendimos homenaje a nuestros muertos, así lo atestiguan diversos hallazgos en contextos arqueológicos alrededor del mundo, en donde los difuntos eran enterrados con objetos y elementos valiosos para cada cultura que nos precedió. Muchos de estos elementos eran confeccionados o recolectados especialmente para acompañar al difunto en su viaje al otro mundo. Si bien es cierto que el culto a la muerte es universal, en México ha adquirido dimensiones especiales.  


Desde tiempos prehispánicos en Mesoamérica se ofrenda a los muertos y a diversas divinidades resina de copal, flores y velas. En la cosmovisión mesoamericana, morir sugería el comienzo de un viaje hacia el Mictlán, el reino de los muertos o el inframundo, en donde el espíritu conservaría su identidad hasta su destino final. Es por ello que los muertos eran enterrados con cerámica (platos, cuencos o cajetes), objetos tallados en piedra, conchas, huesos humanos y de otras especies, así como con restos de animales. Además, se depositaban objetos hechos con resina de copal en forma de figurillas antropomorfas, barras, esferas y bases de cuchillos de sacrificio. Estos elementos se han encontrado en las ofrendas prehispánicas, tal y como lo atestiguan los hallazgos en el Templo Mayor de Tenochtitlan y la Casa de las Ajaracas en la Ciudad de México. 


Figura 1. Aprovechamiento tradicional de resina de copal
(aparece Sr. Margarito Tajonar). Foto de Itzel Abad Fitz. 

Se ha documentado que la resina se utilizaba desde la época prehispánica en las ofrendas y también como tributo. Esta resina era extraída de árboles del género Bursera y Protium, principalmente (Figura 1). El copal estaba presente en diversas ceremonias y rituales importantes como son la petición de la lluvia y la cosecha. 


Actualmente en México y especialmente en las regiones indígenas, la celebración de Todos Santos o Día de Muertos es un acontecimiento especial en la vida de muchas comunidades. A pesar de la diversidad de culturas, la celebración tiene muchos elementos en común, ya que está relacionada con la ritualidad y la finalización del ciclo agrícola, en donde se agradece por la cosecha obtenida, particularmente del cultivo del maíz. En esta celebración se ofrenda, se honra y conmemora a los muertos y el copal es un elemento muy importante. A partir del 28 del mes de octubre y hasta el 2 de noviembre, se elaboran refinadas ofrendas en forma de altares. El intervalo de esta celebración puede variar dependiendo de la región cultural, de la forma y edad en que murió la persona, ya que en algunas zonas se despide a los muertos hasta el 30 de noviembre, lo cual coincide con la cosecha del maíz.


En la actualidad, las ofrendas a los muertos están constituidas por elementos simbólicos como flores, velas y copal, así como una gran diversidad de bebidas y alimentos. Otros objetos que la conforman son el papel picado, manteles bordados, imágenes de santos, fotografías de los difuntos, canastos de carrizo, pilas de platos y jarros de barro. En algunos lugares incorporan a esta ofrenda los utensilios de trabajo de los difuntos, así como prendas de vestir (vestidos, mandiles, pantalones, camisas, calzado, rebozos y sombreros). Todas estas prendas se compran ex profeso para la ocasión y de acuerdo al gusto del difunto (hombre o mujer). En el caso de las ofrendas a los niños, a menudo se le ponen juguetes, ya que se considera que los muertos se llevan estos objetos. 


Las ofrendas varían en sus elementos dependiendo de la región cultural, la edad y gustos de los difuntos. Por ejemplo, para los niños se suele ofrendar chocolate, tamales de dulce, golosinas y alimentos menos picosos y menos condimentados. Si los niños murieron siendo bebés se les pone también leche, situación contraria a las ofrendas de los adultos, las cuales pueden contener bebidas alcohólicas como mezcal, pulque, tequila y cerveza. Para esta celebración se junta la familia para la compra, colecta, preparación de los alimentos y la incorporación de todos estos elementos en los altares. Generalmente, las mujeres son las encargadas de cocinar los platillos, mientras que los hombres hacen las compras y la colecta de los víveres. 


Respecto a los elementos centrales, el Cempoalxúchitl (flor de muerto), el copal y las velas tienen un significado ritual. Se considera que los muertos se alimentan del olor, vapor y sabor de la ofrenda para regresar al otro mundo, por ello los alimentos deben estar recién elaborados para que guarden el calor y el sabor. Los pétalos de flores de Cempoalxúchitl constituyen además una guía en las ofrendas. Con estos se forma un camino desde la ofrenda en el interior de la casa del difunto hasta el exterior de la misma. Este camino está acompañado con el humo de copal. El humo de copal es considerado el elemento mediante el cual los difuntos se trasladan a la tierra. De esta forma las almas no se pierden y llegan a la casa correcta. En algunas regiones de México se suma a este camino las hojas de pino conocidas como ocoxal, que en conjunto también sirve de guía para los muertos. 


Figura 2. Resina de copal en penca de maguey en la tradicional 
ofrenda de día de muertos. Foto de Luis Sánchez Méndez.




















El copal es considerado otro elemento central de la ofrenda (Figura 2). El copal deriva del vocablo náhuatl copalli, que significa resina, la cual se quema en las brasas ardientes de los incensarios, sahumerios o sahumadores, conocidos como tecolcaxit; los cuales permanecen ardiendo durante toda la celebración de día de muertos. El humo blanco y aromático que emana del tecolcaxit o popochtli, limpia, purifica las energías del entorno, establece un vínculo sagrado, abre las procesiones y da paso a la comunicación con las entidades sagradas, además de ser considerado por algunas culturas un alimento para los dioses. Por lo que se considera que el copal tiene de hecho un símil con el maíz, ya que, así como el maíz alimenta a los hombres, el copal alimenta a los dioses.


Los árboles de los cuales se extrae la resina llamada copal varían de acuerdo a la región geográfica del país. Generalmente la región de la Cuenca del Alto Balsas y la Mixteca Poblana son sitios de extracción que proveen de copal a gran parte de la República Mexicana. En esta área se utilizan para extracción árboles silvestres de copal chino (Bursera bipinnata (DC.) Engl.), y en menor medida copal ancho (Bursera copallifera (DC.) Bullock). En la península de Yucatán se utilizan árboles silvestres de Pom (Protium copal (Schltdl. & Cham.) Engl.); todas estas especies pertenecen a la familia Burseraceae.

 

Otros elementos que contienen estos altares son las flores, las cuales adornan la ofrenda. En ocasiones con los pétalos se forman tapetes alrededor del altar y en las tumbas de los difuntos. En las ofrendas se pueden observar flores y pétalos de Cempoalxúchitl (Tagetes erecta L.), además de una diversidad de colores, olores y formas. También pueden encontrarse alcatraces (Zantedeschia aethiopica (L.) Spreng.), terciopelo (Celosia argentea L.), nube (Gypsophila paniculata Boiss.), pericón (Tagetes lucida Cav), begonias (Begonia sp.), rosas (Rosa sp.), palma camedora (Chamaedorea sp.), ocote (Pinus sp.), cañas (Saccharum officinarum) L., cocos (Cocos nucifera L.), hojas de platanillo (Heliconia sp.), hoja de khun (Ceratozamia sp.), hojas de plátano (Musa paradisiaca L.), crisantemos (Chrysanthemum morifolium Ramat), nardos (Polianthes tuberosa L.), helechos, mazorcas de maíz (Zea mays L.), bules (Lagenaria siceraria (Molina) Standl.), Bromelias (Bromelia spp.), carrizo (Arundo donax L.), gladolias (Gladiolus sp.), cacalosúchil (Plumeria rubra L.) y gran diversidad de orquídeas, principalmente del género Laelia. Todos estos elementos enmarcan y adornan las ofrendas a lo largo del país. También se ofrendan frutos como cítricos (Citrus spp.), coyoles (Acrocomia mexicana (Jacq.) Lodd. Ex Mart.), plátanos (macho, dominico, tabasco y manzano ) (Musa spp.), además de manzanas (Malus domestica L.), granadas (Punica granatum L.), guayabas (Psidium guajava L.), guajes (Leucaena esculenta (DC.) Benth.) y tejocotes (Crataegus mexicana Steud). 


Figura 3.  Ofrenda de muertos en una localidad del municipio de Tepalcingo, Morelos en la región
centro de México. Foto: Luis Sánchez Méndez



Estos altares constituyen una diversidad culinaria de alimentos regionales los cuales varían de acuerdo a la zona cultural. Algunos ejemplos son mole con guajolote o pollo, tortillas, diversidad de tamales envueltos en hojas de maíz o plátano. dulce de calabaza (Cucurbita moschata Duchesne), camote cocido (Ipomoea batatas (L.) Lam.), diversas figuras de pan de muerto, chocolate o chilate, atole, arroz con leche, aguardiente, cerveza, mezcal, refrescos, agua, sal y tabaco (Figura 3). 


Debido a esta gran diversidad de elementos, significados y especies que conforman las ofrendas, la tradición de Día de Muertos es considerada por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. 


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Autores: Itzel Abad Fitz1, José Blancas Vázquez1, Alejandra Vázquez Lobo Yurén1 y Leonardo Beltrán Rodríguez2

1Centro de Investigación en Biodiversidad y Conservación, Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Av. Universidad 1001, Colonia Chamilpa, C.P. 62209 Cuernavaca, Morelos, México

2Jardín Botánico–Instituto de Biología, Universidad Nacional Autónoma de México, Tercer Circuito Exterior S/N, Ciudad Universitaria, C.P. 04510 Coyoacán, Ciudad de México, México


Coordinadora y editora: M. en D. Salma Gómez Ibarra

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Referencias 


Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Instituto Nacional de Antropología e Historia. 2003. La festividad indígena dedicada a los muertos en México. Obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad. 


Dupey, E., Pinzón, G. 2020. De olfato. Aproximaciones a los olores en la historia de México. Fondo de Cultura Económica. Instituto de investigaciones históricas de estudios mexicanos y entroamericanos. 


Licona, E., Castillo, Castillo, A., Brietzke, A. 2017. Territorio y redistribución de bienes ofrendados el día de Muertos en San Miguel Canoa, Puebla. Cuicuilco Revista de Ciencia Antropológicas. 69:208:228. 


Lona, N. 2012. Objects made of copal resin: a radiological analysis. Boletín de la Sociedad Geológica Mexicana. 64(2):207-213.


Montúfar, A. 2019. Flores, ofrenda para los dioses y símbolo de renovación de la naturaleza. Mirada Antropológica. 18:92-115.


Ríos, I., Martínez, E. 2011. Mikailhuitl de Xoxogolan ("Día de Muertos de Xoxocotla"). En: Moyrata, L. Los pueblos nahuas de Morelos. Atlas etnográfico Tohuaxca, Togente lo nuestro, nuestra gente. Gobierno del estado de Morelos. Instituto Nacional de Antropología e Historia.