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miércoles, 11 de octubre de 2023

Copal: elemento central en la ofrenda de día de muertos

 

Desde la prehistoria los humanos rendimos homenaje a nuestros muertos, así lo atestiguan diversos hallazgos en contextos arqueológicos alrededor del mundo, en donde los difuntos eran enterrados con objetos y elementos valiosos para cada cultura que nos precedió. Muchos de estos elementos eran confeccionados o recolectados especialmente para acompañar al difunto en su viaje al otro mundo. Si bien es cierto que el culto a la muerte es universal, en México ha adquirido dimensiones especiales.  


Desde tiempos prehispánicos en Mesoamérica se ofrenda a los muertos y a diversas divinidades resina de copal, flores y velas. En la cosmovisión mesoamericana, morir sugería el comienzo de un viaje hacia el Mictlán, el reino de los muertos o el inframundo, en donde el espíritu conservaría su identidad hasta su destino final. Es por ello que los muertos eran enterrados con cerámica (platos, cuencos o cajetes), objetos tallados en piedra, conchas, huesos humanos y de otras especies, así como con restos de animales. Además, se depositaban objetos hechos con resina de copal en forma de figurillas antropomorfas, barras, esferas y bases de cuchillos de sacrificio. Estos elementos se han encontrado en las ofrendas prehispánicas, tal y como lo atestiguan los hallazgos en el Templo Mayor de Tenochtitlan y la Casa de las Ajaracas en la Ciudad de México. 


Figura 1. Aprovechamiento tradicional de resina de copal
(aparece Sr. Margarito Tajonar). Foto de Itzel Abad Fitz. 

Se ha documentado que la resina se utilizaba desde la época prehispánica en las ofrendas y también como tributo. Esta resina era extraída de árboles del género Bursera y Protium, principalmente (Figura 1). El copal estaba presente en diversas ceremonias y rituales importantes como son la petición de la lluvia y la cosecha. 


Actualmente en México y especialmente en las regiones indígenas, la celebración de Todos Santos o Día de Muertos es un acontecimiento especial en la vida de muchas comunidades. A pesar de la diversidad de culturas, la celebración tiene muchos elementos en común, ya que está relacionada con la ritualidad y la finalización del ciclo agrícola, en donde se agradece por la cosecha obtenida, particularmente del cultivo del maíz. En esta celebración se ofrenda, se honra y conmemora a los muertos y el copal es un elemento muy importante. A partir del 28 del mes de octubre y hasta el 2 de noviembre, se elaboran refinadas ofrendas en forma de altares. El intervalo de esta celebración puede variar dependiendo de la región cultural, de la forma y edad en que murió la persona, ya que en algunas zonas se despide a los muertos hasta el 30 de noviembre, lo cual coincide con la cosecha del maíz.


En la actualidad, las ofrendas a los muertos están constituidas por elementos simbólicos como flores, velas y copal, así como una gran diversidad de bebidas y alimentos. Otros objetos que la conforman son el papel picado, manteles bordados, imágenes de santos, fotografías de los difuntos, canastos de carrizo, pilas de platos y jarros de barro. En algunos lugares incorporan a esta ofrenda los utensilios de trabajo de los difuntos, así como prendas de vestir (vestidos, mandiles, pantalones, camisas, calzado, rebozos y sombreros). Todas estas prendas se compran ex profeso para la ocasión y de acuerdo al gusto del difunto (hombre o mujer). En el caso de las ofrendas a los niños, a menudo se le ponen juguetes, ya que se considera que los muertos se llevan estos objetos. 


Las ofrendas varían en sus elementos dependiendo de la región cultural, la edad y gustos de los difuntos. Por ejemplo, para los niños se suele ofrendar chocolate, tamales de dulce, golosinas y alimentos menos picosos y menos condimentados. Si los niños murieron siendo bebés se les pone también leche, situación contraria a las ofrendas de los adultos, las cuales pueden contener bebidas alcohólicas como mezcal, pulque, tequila y cerveza. Para esta celebración se junta la familia para la compra, colecta, preparación de los alimentos y la incorporación de todos estos elementos en los altares. Generalmente, las mujeres son las encargadas de cocinar los platillos, mientras que los hombres hacen las compras y la colecta de los víveres. 


Respecto a los elementos centrales, el Cempoalxúchitl (flor de muerto), el copal y las velas tienen un significado ritual. Se considera que los muertos se alimentan del olor, vapor y sabor de la ofrenda para regresar al otro mundo, por ello los alimentos deben estar recién elaborados para que guarden el calor y el sabor. Los pétalos de flores de Cempoalxúchitl constituyen además una guía en las ofrendas. Con estos se forma un camino desde la ofrenda en el interior de la casa del difunto hasta el exterior de la misma. Este camino está acompañado con el humo de copal. El humo de copal es considerado el elemento mediante el cual los difuntos se trasladan a la tierra. De esta forma las almas no se pierden y llegan a la casa correcta. En algunas regiones de México se suma a este camino las hojas de pino conocidas como ocoxal, que en conjunto también sirve de guía para los muertos. 


Figura 2. Resina de copal en penca de maguey en la tradicional 
ofrenda de día de muertos. Foto de Luis Sánchez Méndez.




















El copal es considerado otro elemento central de la ofrenda (Figura 2). El copal deriva del vocablo náhuatl copalli, que significa resina, la cual se quema en las brasas ardientes de los incensarios, sahumerios o sahumadores, conocidos como tecolcaxit; los cuales permanecen ardiendo durante toda la celebración de día de muertos. El humo blanco y aromático que emana del tecolcaxit o popochtli, limpia, purifica las energías del entorno, establece un vínculo sagrado, abre las procesiones y da paso a la comunicación con las entidades sagradas, además de ser considerado por algunas culturas un alimento para los dioses. Por lo que se considera que el copal tiene de hecho un símil con el maíz, ya que, así como el maíz alimenta a los hombres, el copal alimenta a los dioses.


Los árboles de los cuales se extrae la resina llamada copal varían de acuerdo a la región geográfica del país. Generalmente la región de la Cuenca del Alto Balsas y la Mixteca Poblana son sitios de extracción que proveen de copal a gran parte de la República Mexicana. En esta área se utilizan para extracción árboles silvestres de copal chino (Bursera bipinnata (DC.) Engl.), y en menor medida copal ancho (Bursera copallifera (DC.) Bullock). En la península de Yucatán se utilizan árboles silvestres de Pom (Protium copal (Schltdl. & Cham.) Engl.); todas estas especies pertenecen a la familia Burseraceae.

 

Otros elementos que contienen estos altares son las flores, las cuales adornan la ofrenda. En ocasiones con los pétalos se forman tapetes alrededor del altar y en las tumbas de los difuntos. En las ofrendas se pueden observar flores y pétalos de Cempoalxúchitl (Tagetes erecta L.), además de una diversidad de colores, olores y formas. También pueden encontrarse alcatraces (Zantedeschia aethiopica (L.) Spreng.), terciopelo (Celosia argentea L.), nube (Gypsophila paniculata Boiss.), pericón (Tagetes lucida Cav), begonias (Begonia sp.), rosas (Rosa sp.), palma camedora (Chamaedorea sp.), ocote (Pinus sp.), cañas (Saccharum officinarum) L., cocos (Cocos nucifera L.), hojas de platanillo (Heliconia sp.), hoja de khun (Ceratozamia sp.), hojas de plátano (Musa paradisiaca L.), crisantemos (Chrysanthemum morifolium Ramat), nardos (Polianthes tuberosa L.), helechos, mazorcas de maíz (Zea mays L.), bules (Lagenaria siceraria (Molina) Standl.), Bromelias (Bromelia spp.), carrizo (Arundo donax L.), gladolias (Gladiolus sp.), cacalosúchil (Plumeria rubra L.) y gran diversidad de orquídeas, principalmente del género Laelia. Todos estos elementos enmarcan y adornan las ofrendas a lo largo del país. También se ofrendan frutos como cítricos (Citrus spp.), coyoles (Acrocomia mexicana (Jacq.) Lodd. Ex Mart.), plátanos (macho, dominico, tabasco y manzano ) (Musa spp.), además de manzanas (Malus domestica L.), granadas (Punica granatum L.), guayabas (Psidium guajava L.), guajes (Leucaena esculenta (DC.) Benth.) y tejocotes (Crataegus mexicana Steud). 


Figura 3.  Ofrenda de muertos en una localidad del municipio de Tepalcingo, Morelos en la región
centro de México. Foto: Luis Sánchez Méndez



Estos altares constituyen una diversidad culinaria de alimentos regionales los cuales varían de acuerdo a la zona cultural. Algunos ejemplos son mole con guajolote o pollo, tortillas, diversidad de tamales envueltos en hojas de maíz o plátano. dulce de calabaza (Cucurbita moschata Duchesne), camote cocido (Ipomoea batatas (L.) Lam.), diversas figuras de pan de muerto, chocolate o chilate, atole, arroz con leche, aguardiente, cerveza, mezcal, refrescos, agua, sal y tabaco (Figura 3). 


Debido a esta gran diversidad de elementos, significados y especies que conforman las ofrendas, la tradición de Día de Muertos es considerada por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. 


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Autores: Itzel Abad Fitz1, José Blancas Vázquez1, Alejandra Vázquez Lobo Yurén1 y Leonardo Beltrán Rodríguez2

1Centro de Investigación en Biodiversidad y Conservación, Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Av. Universidad 1001, Colonia Chamilpa, C.P. 62209 Cuernavaca, Morelos, México

2Jardín Botánico–Instituto de Biología, Universidad Nacional Autónoma de México, Tercer Circuito Exterior S/N, Ciudad Universitaria, C.P. 04510 Coyoacán, Ciudad de México, México


Coordinadora y editora: M. en D. Salma Gómez Ibarra

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Referencias 


Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Instituto Nacional de Antropología e Historia. 2003. La festividad indígena dedicada a los muertos en México. Obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad. 


Dupey, E., Pinzón, G. 2020. De olfato. Aproximaciones a los olores en la historia de México. Fondo de Cultura Económica. Instituto de investigaciones históricas de estudios mexicanos y entroamericanos. 


Licona, E., Castillo, Castillo, A., Brietzke, A. 2017. Territorio y redistribución de bienes ofrendados el día de Muertos en San Miguel Canoa, Puebla. Cuicuilco Revista de Ciencia Antropológicas. 69:208:228. 


Lona, N. 2012. Objects made of copal resin: a radiological analysis. Boletín de la Sociedad Geológica Mexicana. 64(2):207-213.


Montúfar, A. 2019. Flores, ofrenda para los dioses y símbolo de renovación de la naturaleza. Mirada Antropológica. 18:92-115.


Ríos, I., Martínez, E. 2011. Mikailhuitl de Xoxogolan ("Día de Muertos de Xoxocotla"). En: Moyrata, L. Los pueblos nahuas de Morelos. Atlas etnográfico Tohuaxca, Togente lo nuestro, nuestra gente. Gobierno del estado de Morelos. Instituto Nacional de Antropología e Historia. 



miércoles, 6 de septiembre de 2023

Diario de una Bióloga: Entrevista a la Biól. Sandra Nayeli González Mateos

 

Nací el 12 de enero de 1974, aquí en la Ciudad de México. Mi niñez fue muy divertida, fue amorosa, me la pasé bien. Desde niña estudié aquí en la ciudad, pero yo vivía en el Estado de México, así que hasta terminar la primaria, todos los días realizaba ese largo viaje… En esos años el Estado de México seguía siendo un campo, me gustaba andar en bici, jugar con mis dos hermanas mayores, y con mis primos, por supuesto. Íbamos a “Espejo de los Lirios” todo el tiempo a jugar en la naturaleza.

Recuerdo que cuando era chiquita yo soñaba estudiar Arqueología, como que me imaginaba ir de excursión con mi sombrero y mis botas, irme a otro lugar y descubrir cosas. Aunque dice mi mamá que yo ya tenía desde siempre por ahí un como un… espíritu de investigar, de hacer experimentos, porque dice que yo hacía combinaciones extrañas con cualquier cosa que me topara, las guardaba en un frasco y las escondía debajo de mi cama, y cada que ella los encontraba me regañaba un poco.

Al final decidí estudiar Biología porque me gustan las plantas, siempre me gustaron, también porque mi hermana mayor estudió para ser Química Fármaco Bióloga (QFB), y me llamaba la atención lo que nos contaba que ella hacía en sus clases. Realicé examen para entrar a la UNAM, y mi primera opción fue Biología en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala  y me quedé, además que creo que hemos ido ganando terreno los biólogos, porque cuando yo estudiaba Biología, incluso creo que era una carrera que no tenía demanda.  Agradezco el apoyo que mis papás siempre me dieron, me dijeron siempre que estudiara lo que yo quisiera, pero que continuará estudiando, creo que fui muy afortunada.

Tuve profesores que me hicieron confirmar que la Biología era lo que me gustaba, lo que quería estudiar y lo que quería hacer el resto de mi vida. De esos profesores, fue el maestro Biól. Enrique González que influyó mucho para que me gustara como mucho la fisiología, cómo funcionan las cosas, me gustaban sus clases porque él siempre buscaba que comprendiéramos y recordáramos sobre el tema, no que los memorizamos de manera sistemática. 

También la Mtra. María Eugenia Garín y su esposo, del cual ya no recuerdo su nombre, nos enseñaron  la manera también de cómo los profesores pueden ayudar a los chicos a descubrir ciertos talentos, ellos como que te ayudaban a buscar, este… pues tus afinidades. Y también, el Biól. José Luis Gama, el cual me ayudó mucho. Creo que son de los que ahorita más recuerdo que nos fueron enseñando otras maneras de ver la Biología.

Yo llegué en 2013 al Jardín Botánico del Instituto de Biología de la UNAM, pero antes de estar aquí ya había estado en otros Jardines Botánicos como el Jardín Botánico Fundación Xochitla, el de Tepoztlán, Edo. De México, y el Jardín Botánico de Culiacán, Sinaloa. Llegué aquí, a este jardín porque me cambié de residencia y quería un lugar donde pudiera continuar con los proyectos que había comenzado en los otros jardines. Y entré por un proyecto de Educación Ambiental, en el Área de Difusión y Educación con la Biól. Linda Balcázar y el Dr. Javier Caballero, y así poco a poco me fui involucrando en las actividades del jardín hasta que en el 2015, el Dr. Javier Caballero me propuso que había posibilidad de que mi curriculum ingresara  para una convocatoria para poder ser técnico responsable de la Colección de Plantas Acuáticas, y así fue como ingresé, esa es mi labor y la disfruto mucho.

Me gusta que el Jardín Botánico, y en parte la Colección de Plantas Acuáticas es un libro abierto como para descubrir más cosas; me gusta la posibilidad de experimentar con las plantas acuáticas mexicanas, que todavía no se conocen ciertos detalles de ellas, me gusta mucho mi trabajo, también me permite recibir estudiantes, y poderlos apoyar, ser su asesora de sus estancias cortas, su servicio social o su tesis.

Tengo tiempos libres, no vivo en un laboratorio, me gusta hacer ejercicio, me gusta la fotografía, aunque soy aficionada, no me sé todas las reglas que implica, tomo lo que a mí me gusta; me gusta leer, mi libro favorito fue un regalo de un amigo que se llama Luis que conocí en un curso, un libro que se llama “El Cazador de Microbios”, es un libro ya viejito, y me gusta, y es muy importante para mí, porque él ya falleció y es como tener una parte de él, y era lo que él buscaba hacer al darme ese libro.

Así soy yo, esta soy yo, y me gusta como soy. Solo quiero decir que creo que necesitamos que mmm… como que reconozcamos el valor de la educación, debe de haber como mayor apoyo a ese sector y lo digo en el sentido amplio porque es dramático ver cómo en algunas comunidades no hay medios ni de apoyo a las escuelas, ni a los maestros, entonces hay como contrastes. Desde una comunidad pequeña donde a lo mejor apenas y hay un maestro multigrado, como hay escuelas súper capacitadas en el sentido de que tienen pizarrones electrónicos, computadoras y la la la… Yo creo que hay un gran abismo en este sector.

Y a los jóvenes que están leyendo esto, simplemente no se desanimen, hay muchas cosas que hacer como biólogos, no todo es Biología Marina, como muchas veces hay esa percepción en la sociedad; aprovechen el tiempo de los jóvenes, sí un estudiante nada más se dedica a estudiar y tiene esa posibilidad que lo aproveche al máximo.

También aprovechen la universidad en la que están, no sólo la UNAM. Tú que tienes la posibilidad de estudiar hazlo, y los invito a que puedan conocer la ciencia, de tal manera que no se espanten, la ciencia no es un monstruo así con cuatro ojos. Realmente, creo en el poder de la juventud, de poder hacer muchos cambios, y de poder ser cada vez más analíticos, más críticos, pero también propositivos.

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*Esta narración se realizó con base en la entrevista realizada a la Biól. Sandra Nayeli González Mateos, el día 23 de agosto de 2019 por Paola Yised Torres Arroyo. Coordinadora y editora: M. en D. Salma Gómez Ibarra.

miércoles, 10 de noviembre de 2021

MEMORIAS DEL JB IBUNAM: LA COLECCIÓN NACIONAL DE AGAVÁCEAS Y NOLINÁCEAS DEL JARDÍN BOTÁNICO Y EL PRIMER SIMPOSIO INTERNACIONAL SOBRE AGAVÁCEAS

PRIMER DIA


Los magueyes y plantas relacionadas como izotes o yucas, amoles, sotoles, cucharillas y patas de elefante forman parte de una de las colecciones más interesantes del Jardín Botánico, por lo que fueron del interés de la Institución desde que fue fundado en 1959; se recolectaron en varias expediciones por toda la República mexicana y muchas de ellas (las más grandes) aún se encuentran en el jardín y podemos admirarlas; en otros casos, como el de los magueyes pulqueros, vemos a sus descendientes, los cuales se han perpetuado a través de hijuelos. 

Trabajo de renovación de la Colección
En 1989, el Jardín Botánico del Instituto de Biología dio inicio a una segunda etapa en el desarrollo de la Colección; se hicieron nuevas salidas de campo para recolectar diferentes especies y se acondicionaron las jardineras, además de renovar las colecciones casi en su totalidad. Después de cinco años de trabajo, en 1994 las labores se dieron por concluidas con las condiciones adecuadas para su inauguración. Para celebrar tal acontecimiento, se decidió proponerla como “Colección Nacional” a la Asociación Mexicana de Jardines Botánicos, A.C. (AMJB), que desde 1991 conceptualizaba que “la creación de estas colecciones representaban un paso adelante en la planeación, la optimización de los recursos económicos y la política de conservación en el país”. Los requisitos de dicha organización para éste nombramiento establecían que debía ser la más diversa y completa del grupo en el ámbito nacional, la más activa, tener propósitos de investigación y divulgación, así como estar bajo la supervisión del especialista del grupo, precisiones con las que se cumplía totalmente. Así, el 27 de octubre de 1994, el Jardín Botánico recibió el reconocimiento por parte de la Presidenta de la AMJB, la M. en C. Edelmira Linares Mazari.

Inauguración de la Colección Nacional de Agaváceas y Nolináceas del Jardín Botánico IBUNAM


 Para respaldar este acontecimiento, se decidió realizar la inauguración en el marco de un evento importante, para ello, en coordinación con el “Grupo Académico para el Estudio de las Agaváceas”, creado durante el XII Congreso Mexicano de Botánica en la Ciudad de Mérida, Yucatán, en octubre de 1993 y cuyo objetivo principal era impulsar el conocimiento biológico del grupo, se propuso organizar el Primer Simposio Internacional Sobre Agaváceas, el cual se celebró del 9 al 11 de noviembre de 1994 en el Auditorio del Jardín Botánico del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). 

Asistentes del Primer Simposio Internacional sobre Agaváceas, auditorio del JB IBUNAM (1994)


En palabras del Dr. Antonio Lot, Director del Instituto en ese año, “la idea y el hecho de haber organizado este Simposio en México es muy significativo, por lo que representa este interesante grupo de plantas en cuanto a su origen, diversificación y distribución en el continente americano y el mundo”. El Dr. Robert Bye, Director del Jardín Botánico, propuso que el evento fuera dedicado a la memoria del Dr. Howard Scott Gentry, (10 de diciembre de 1903 – 01 de abril de 1993), de quien fue alumno y trabajó con él en las sierras y barrancas del oeste de Chihuahua. El Dr. Bye escribió la biografía de la vida y obra de este viejo mezcalero, como lo definió, señalando que “los estudios de Agave en el siglo XX fueron personificados por el incansable Gentry, quién desarrolló el concepto de la «simbiosis entre el Agave y el hombre”, lo cual plasmó en diferentes publicaciones a lo largo de varias décadas, pero principalmente en su clásica monografía publicada en 1982, Agaves of Continental North America.

El Comité Organizador del evento estuvo conformado por: M. en C. Abisaí Josué García Mendoza, Dra. Raquel Galván Villanueva, Dr. Robert Bye Boettler, Biól. Felipe Palma Cruz y M. en C. Ana Valenzuela Zapata.  


El simposio reunió a 86 participantes de 21 instituciones nacionales y 9 extranjeras, autores de 40 trabajos que versaron sobre diversos aspectos de la biología y la conservación de las Agavaceae y Nolinaceae. Destacaron las contribuciones en etnobotánica y botánica económica, taxonómicas con análisis filogenéticos basados en la morfología y biología molecular, citogenética, palinología, florística, ecología, biología de la reproducción y manejo y conservación. Entre los participantes distinguidos estuvieron los doctores Alberto Álvarez de Zayas (Universidad de la Habana, Cuba), M. en C. Edelmira Linares (Asociación Mexicana de Jardines Botánicos, A.C.), David Bogler y Karen H. Clary (University of Texas, Austin), Héctor T. Arita, Luis Eguiarte Fruns (Centro de Ecología, UNAM), Isidro Castorena Sánchez, Patricia Colunga (Centro de Investigación Científica de Yucatán, A.C.), Wendy Hodgson, Elizabeth Slauson (Desert Botanical Garden, Phoenix, Arizona), Tucson, Arizona, Park S. Nobel (University of California, Los Ángeles), Luis Hernández Sandoval (Instituto de Ecología y Alimentos, Universidad Autónoma de Tamaulipas), Hugh W. Pritchard (Royal Botanic Gardens, Kew, Inglaterra), Edmundo García Moya (Colegio de Postgraduados), Wilfrido Márquez (Instituto de Ecología, Secretaría de Desarrollo Social), Gary P. Nabhan (Arizona-Sonora Museum), Robert Bye (Jardín Botánico, UNAM), etcétera. Para reunir a estas personalidades, se recibió apoyo económico de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, Sociedad Botánica de México, Red Latinoamericana de Botánica, El Consejo Británico, Intercambio Académico, UNAM y el propio Jardín Botánico. La Exposición Etnobotánica fue montada por el Área de Difusión y Educación del Jardín Botánico, IB-UNAM.

Primer Simposio Internacional sobre Agaváceas (1994)

El Comité de Apoyo en la organización del Simposio, programa, inauguración y de la exposición etnobotánica estuvo integrado por el personal del Área de Difusión del Jardín Botánico y algunos estudiantes: Carmen C. Hernández Zacarías, Teodolinda Balcázar Sol, Elia Herrera Torralba, Luz María Rangel Guerrero, Alejandro Castañeda Rojas, Aída Téllez Velasco, Ulises Guzmán Cruz y Jorge Saldívar Sandoval.


SEGUNDO DIA


El 11 de noviembre de 1994 fue inaugurada la Colección Nacional De Agaváceas Y Nolináceas Del Jardín Botánico por el Dr. José Sarukhán Kermez, Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México. En la Ceremonia Protocolaria, además del Rector, se contó con la presencia del Dr. Antonio Lot (Director del Instituto de Biología), Dr. Robert Bye (Director del Jardín Botánico), M. en C. Edelmira Linares (Presidenta de la Asociación Mexicana de Jardines Botánicos, A.C.) y como presentadora M. en C. Ana Valenzuela.


Después de escuchar los mensajes de las Autoridades Universitarias, nos dirigimos a la Colección, donde el Dr. Sarukhán cortó el listón, se dio una visita guiada (por el que escribe esto), recalcando el esfuerzo que la Universidad hace por mantener una colección que representa una de las familias de plantas con gran importancia biológica, cultural y económica en México. Al final del recorrido, tuvimos la oportunidad de degustar “aguamiel” de un maguey pulquero, que fue preparado para el evento. El néctar de la planta se distribuyó en pequeñas jícaras que circularon entre algunos participantes. 


De izq. a der. M. en C. Edelmira Linares, Dr. Robert Bye, Dr. José Sarukhán, Dr. Abisaí García. 


La Colección Nacional de Agaváceas y Nolináceas tiene 148 especies, que representaban 72% de las especies del país, 85 de ellas pertenecían al género Agave. Las plantas son el respaldo de diferentes proyectos taxonómicos, florísticos, etnobotánicos, moleculares, anatómicos, bioquímicos, de biología de la reproducción, etcétera. La colecta de plantas vivas para el jardín también incluye ejemplares secos herborizados para el Herbario Nacional de México MEXU, de tal suerte que gracias a su constante enriquecimiento, la colección de agaváceas y nolináceas en dicho herbario es la de mayor riqueza en el mundo. También hay colecciones paralelas de fotografías, diapositivas en marco de cartón y ahora digitales, flores en alcohol, frutos y semillas, fibras y una colección etnobotánica que incluye artesanías, herramientas de extracción, bebidas y otros productos diversos. 

Colección Nacional de Agaváceas y Nolináceas del 
JB IBUNAM durante su inauguración


Ana Valenzuela en la presentación
del libro "El agave tequilero: su
cultivo e industrialización"


Una vez finalizada la visita, y casi al término del evento, por la tarde se realizó la presentación del libro El agave tequilero: su cultivo e industrialización, escrito por Ana Valenzuela, y al finalizar se rifaron entre los presentes varios ejemplares de The Agave family in Sonora, del Dr. Gentry, donados amablemente por la biblioteca del Desert Botanical Garden.


Del 4 al 6 de abril de 2019, el Jardín Botánico celebró los 25 años de la colección, donde la Asociación Mexicana de Jardines Botánicos, A.C. y el Instituto de Biología ratificaron el privilegio de “Colección Nacional”, recibiendo del M. en C. Orlik Gómez, Presidente de la Asociación, y del Dr. Víctor M. Sánchez-Cordero Dávila, director del Instituto, tal distinción.


Robert Bye Boettler, Isidro Castorena, Luis Eguiarte, Aurora Chimal, Luis Hernández. Olle Pellmyr, Karen H. Clary, Gary P. Nabhan, Juan José López, Abisaí García, Alberto Álvarez de Zayas, David J. Bogler, Jaime Rivera, Edmundo García Moya, Park S. Nobel, Hugh W. Pritchard, Edelmira Linares, Elia Granados, Teodolinda Balcázar, Elia Herrera, Esperanza Ávila, Francisco Basurto, Enrique Cordero, Raquel, Galván Villanueva, María Teresa García, Laura de la Rosa, Alejandro Gutiérrez, Santiago Arizaga, Carmen C. Hernández, Ulises Guzmán, Ana Valenzuela Zapata, Jerónimo Reyes, Rocío José Jacinto, Felipe Palma, María de Lourdes Vargas, Eloy Solano, Carlos Castillejos Cruz, Beatriz Ludlow Wiechers, Diane Barker, Edith Villavicencio, Lilian López Chávez, Leticia Chávez, Aida Téllez, Luz María Rangel, Celia Arroyo.



Autor: Dr. Abisaí García Mendoza

Corrector de estilo: Lic. Agustín Guzmán Melchor